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lunes, 11 de junio de 2018

RetroAlacant V: La Plaza de Luceros.




A través de las postales de los años sesenta y setenta podemos reconstruir la secuencia de sustitución de los edificios de la Plaza de los Luceros y la forma en la que, poco a poco, ha ido cambiando su imagen. Las postales son un excelente vehículo propagandístico, y cada ciudad buscará en la impresión de las mismas un recurso fácil e inmediato en el que, con ayuda de ese turismo que comienza a alcanzar cifras destacables y que actuará, de modo inconsciente, como vector de transmisión, una manera de difundir sus activos, tanto aquellos considerados históricos como otros que, como en el caso, muestran una imagen de progreso y desarrollo urbano. En este artículo me gustaría hablar sobre ciertos aspectos de este espacio, acompañando el texto de diversas postales de época extraídas de todocoleccion.net.


En esta primera imagen, editada por Tip. H. Fournier, que consideramos anterior a 1943, puesto que todavía no se ha levantado el edificio que hace esquina con la Avenida de la Estación en la acera de los impares, se observa al fondo la Estación férrea de Madrid con su antiguo frontis, y a la derecha, el Palacio de la Diputación Provincial, obra de Vidal inaugurada en 1932.
 
Esta postal muestra, desde un punto de vista ligeramente diferente, el frente NW de la Plaza. En la esquina con la Avenida de la Estación (Entonces del General Mola), el edificio Sevilla, de Juan Vidal (1930). En el ángulo a Marvá, un edificio proyectado por Gabriel Penalva y finalizado a principios de la década de 1940, actualmente sustituido por otro de factura reciente.


En estas dos estampas, además del protagonismo indiscutible de la "Fuente de Levante", del escultor Daniel Bañuls (1930), el objetivo se centra en la comunión de la plaza con la Avenida Alfonso el Sabio, eje de primer orden en el Ensanche, de 32 metros de anchura, que conecta la Estación de Ferrocarril con el extremo opuesto del plano.



Plaza de la Independencia, Plaza de Cataluña o de Los Luceros si hacemos caso del callejero oficial de la ciudad en los cien últimos años, siendo éste último el que permanece vigente y que parece que ha calado en el imaginario ciudadano constituyendo un nodo con nombre propio e importancia contrastada dentro del plano y la organización espacial del espacio urbano, difuminada y ya muy lejana aquella primitiva inspiración falangista que justificase esta denominación. Alternativa y popularmente conocida como Plaça dels Cavalls en referencia al conjunto escultórico que adorna la rotonda central, la moderna normalización "televisiva" del valenciano la rebautizó (algo a lo que ni siquiera ha sido ajena Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana a la hora de rotular la correspondiente estación subterránea del transporte metropolitano) como Plaça dels Estels, en una traducción literal que identificó automáticamente Los Luceros con unos hipotéticos cuerpos celestes en los que nadie parece encontrar una referencia inmediata que justifique el nombre de este espacio ciudadano.

En los años 50, la edición de postales en color se extiende en los kioscos alicantinos. En esta imagen comercializada en 1958 podemos contemplar Alfonso el Sabio todavía con sus edificios de la primera mitad del siglo XX, destacando en altura el de la esquina con Ángel Lozano, datado en 1945.

En esta otra postal coetánea a la anterior, se muestra además de la Plaza de Luceros, la acera de los pares de Alfonso el Sabio. También resulta curioso el conjunto que forman los dos edificios con esquina a la plaza, rematados en sendos cubillos y proyectados por Juan Vidal. Se trata de los edificios Vigrana (izq, 1931) y Mataix (dcha, 1922), que serían demolidos años después.

 
Esta tarjeta postal comercializada por Ed. Ágata en 1964 muestra una imagen en la que ya comienzan a levantarse nuevos edificios en la Plaza: Se observa parte de la estructura, en construcción, de la Residencia Covadonga. A lo lejos puede divisarse la Torre Provincial en plenas obras, cuya inauguración tendría lugar en 1960.
 
Esta postal fue comercializada por la misma casa por las mismas fechas, aunque se centra en la fuente de la rotonda central y en la jardinería que rodea a la misma.

A pesar de que en nuestros días la Plaza de Luceros constituye un nodo de primer orden en la configuración de la ciudad de Alicante, y por sorprendente que pueda parecernos, no aparecía definida en el primer plano del Ensanche, firmado por José González Altés en 1893 y aprobado definitivamente por el Ministerio de Fomento el 7 de abril del mismo año. Sí recogían las alineaciones, en cambio, las dos grandes avenidas, de primer orden en la jerarquización del viario proyectado que con su intersección darían lugar, ya avanzado el primer cuarto del siglo XX a este espacio de geometría circular. En Ensanche de la ciudad de Alicante, organizado en una retícula de manzanas desiguales, comenzaría a gestarse tras la autorización para derribar las murallas que la cercaban, y se extendería entre el núcleo edificado y la nueva estación de MZA o de Madrid, inspirándose en los grandes planes de Ensanche ya definidos en la España de la época, el Plan Cerdá barcelonés y el Plan Castro de Madrid, pero limitado por unos condicionantes físicos a tener en cuenta: la elevada pendiente media del terreno, el frente marítimo y la preexistencia de vías de comunicación (la Alameda de San Francisco que se adaptaría como vía diagonal, la posterior Avenida Maisonnave), así como la existencia de accidentes geográficos: Benacantil, Tossal, Muntanyeta (que acabaría desapareciendo entrados los años 40 del siglo XX) o el Barranco de San Blas, desviado primero y finalmente entubado bajo la actual Avenida Óscar Esplá.

En esta postal se muestra la estructura de la Residencia Covadonga más avanzada, y aparecen ya acabados los edificios de Alfonso el Sabio 35 (esquina Ángel Lozano) y en obras el de Federico Soto 22, así como el Gran Sol, a lo lejos, lo que permite datar la imagen en la primera mitad de los años 60.

Esta postal de García Garrabella es de 1964, y en la misma se puede apreciar lo que parece ser la Foguera de Alfonso el Sabio, dando frente a la misma Avenida. Todavía los edificios Vigrana y Mataix se conservan, aunque la trama del Ensanche se sigue densificando.
 
La Editorial Macián comercializaría esta postal en las mismas fechas, aunque aquí se prefiere mostrar el frente de la plaza que enmarca la Avenida Federico Soto, donde a la izquierda se levanta el Edificio Baena, de Gabriel Penalva (1934), y único edificio original anterior a la Guerra Civil que subsiste en Luceros, y a la derecha uno de los primeros inmuebles residenciales de alto nivel construidos a finales de la década de los cincuenta.
En 1908 la plaza parece estar ya explanada y es en este momento cuando se la bautiza como "de la Independencia", en conmemoración del primer centenario del levantamiento madrileño del Dos de Mayo contra la invasión napoleónica. El nombre gozaría de una prolongada vigencia hasta que en 1934 se dedica a Cataluña, tras la aprobación de su Estatuto de Autonomía; este nombre, se alternaría con el anterior hasta que en 1939 se rotula con su denominación actual.

La imagen (Ed. Pergamino) muestra los edificios que dan paso a la Avenida General Marvá, ya a finales de los años sesenta. A la derecha ya se levanta el inmueble proyectado por Juan Antonio García Solera y finalizado en 1968.

 
Postal de la Editorial Subirats Casanovas que nos ofrece el aspecto del sector de la plaza delimitado por Marvá y Alfonso el Sabio a finales de los sesenta. El edificio Vigrana ya ha desaparecido dejando paso al de la Cafetería Iruña, finalizado en 1967.

Plaza de Luceros y Alfonso el Sabio a comienzos de los años setenta. Ya aparece el edificio de Alfonso el Sabio 45 c/v Álvarez Sereix (1970) y todavía en pie el conocido como Mataix (J. Vidal, 1922), que sería derribado poco después. Todavía pueden apreciarse los carriles del tranvía rodeando la rotonda.

De 1972 data esta postal comercializada por la casa García Garrabella. Los tranvías ya han desaparecido de las calles alicantinas.


Estas dos imágenes, la primera comercializada por Papisa en 1977 y por Tortosa en 1975 la ubicada sobre estas líneas, muestran un primer plano de la Fuente de Levante. A la derecha puede adivinarse el solar dejado por el derribo del Edificio Mataix, que dejaría paso a partir de 1974 a la nueva sede del Banco Santander.

Postal de 1979 en la que la plaza ya casi ha sustituido casi todos sus edificios primitivos por otros de mayor superficie construida. Las dos casas de pisos de la derecha serían derribadas en los años noventa.

El Edificio Riscal (proyectado por Francisco Muñoz Llorens) domina en segundo plano la plaza debido a su elevada altura. En la imagen puede observarse todavía el Colegio de los Hermanos Maristas, con su edificio levantado en los sesenta y derribado a mediados de los ochenta.

En este intervalo de tiempo comenzaría la plaza, poco a poco, a poblarse de edificios, hasta ser el espacio urbano más solicitado (y también fotografiado, pues el comercio de postales sería una estupenda carta de presentación para las ciudades de la época, deseosas de transmitir una imagen de modernidad y desarrollo urbano) del Ensanche. Arquitectos de éxito entre la burguesía, como Juan Vidal, proyectan en la plaza, pero también otros recién titulados, como Gabriel Penalva, que introducirán un lenguaje más moderno. Unos y otros contribuirán a crear un alzado globalmente ecléctico, carácter que se conserva en la actualidad a pesar de que la mayor parte de los edificios han sido sustituidos víctimas de una especulación inmobiliaria generada por un cambio en los usos del suelo (no reglamentado) que condujo, en primer lugar, a la edificación de nuevas viviendas de alto nivel a las que más tarde se añadiría una terciarización casi total que supuso un incremento considerable del rendimiento económico del espacio construido. 

Finalmente acabamos con tres imágenes nocturnas de Luceros. La primera, de García Garrabella (1970); la seguda, de Raker (1972). En la última, la fuente iluminada cede parte del protagonismo a la silueta del Riscal en una postal editada en 1979.

 Hasta la próxima.

sábado, 19 de octubre de 2013

Postales de Yecla.

El artículo de hoy vuelve a tratar sobre Yecla. Sin embargo, en esta ocasión traemos unas cuantas postales fechadas entre los años 60 y 80 del pasado siglo XX, en las que se muestran los cambios que iba experimentando la polvorienta y aislada ciudad que era al comienzo del periodo (de fuerte carácter, según dicen quienes han escrito sobre ella, tan alejada de la estereotipada imagen murciana) y que poco a poco la iban a ir convirtiendo en lo que es ahora. Calles todavía en muchos casos sin asfaltar o sin iluminar, edificios bajos, horizonte rural de campos cultivados sin apenas construcciones y nuevos barrios que irían surgiendo al ritmo al que se desarrollaba la industria del mueble, lo único que logró frenar la despoblación que la hizo perder más de siete mil habitantes entre 1940 y 1970.

Las imágenes, al igual que en el resto de ciudades y pueblos en las que se editaban postales, muestran por una parte lo más típico de la localidad en cuanto a monumentos o espacios urbanos y por otro lado las escasas muestras de desarrollo que iban surgiendo de forma un tanto improvisada, pero de las cuales sin duda sus habitantes se sentían de sobra orgullosos: nuevas industrias, nuevas barriadas...

Comenzamos mostrando imágenes generales de la ciudad. Las diferencias con la Yecla actual son más que evidentes; en la primera de las fotografías especialmente se observa cómo la trama urbana finaliza de forma nítida respetando la exigua huerta todavía cultivada por entonces.

Yecla desde el cerro del Castillo. Editada en 1969. Sobre un mar de tejados pardos tan solo
destacan las moles de las iglesias Vieja y Nueva, la torre del Reloj y algunos edificios de viviendas
en construcción, los primeros que alterarían de forma notable la escala urbana con su implantación
entre inmuebles de dos y tres alturas.

La misma fotografía anterior pero incorporando dos imágenes del jardín municipal,
con la fuente a la izquierda y el templete de la música a la derecha.

Yecla a principios de los años 80. La trama urbana se ha poblado de edificios de viviendas,
y han surgido nuevos barrios sobre la antigua huerta, como el Barrio del Sol junto a la
Feria del Mueble. Las industrias comienzan a poblar de forma improvisada los márgenes
de las carreteras de Caudete y Villena (centro y derecha de la imagen).

Las calles yeclanas ofrecían un aspecto diferente al que muestran en la actualidad. En el casco viejo el asfalto y la iluminación nocturnas eran prácticamente inexistentes, y las viviendas poseían unas condiciones de habitabilidad bastante limitadas. El centro urbano, que concentraba entonces como ahora la mayoría de las actividades terciarias en sus amplias y largas vías, no padecía el tráfico a motor actual puesto que los vehículos a dos ruedas, tanto bicicletas como motos, eran los medios de locomoción más utilizados.

El llamado Arco de los Reyes Católicos y la torre renacentista
de la Iglesia Vieja de la Asunción quizá sean, aún hoy, una de las
imágenes más reconocibles de Yecla. Podemos ver en la postal, de
principios de los 60, casas de dos alturas con pequeños huecos
para minimizar los efectos de clima, pavimento de tierra apisonada y
ausencia de alumbrado público. A destacar el luto de las señoras,
algo tan habitual por entonces.

Otra postal de la calle Iglesia con sus antiguas
fachadas encaladas y sus cubiertas de teja de cañón.

A medida que descendemos hacia la parte más llana de la ciudad, los espacios se hacen más amplios y muestran una mejor imagen, aunque no pueden esconder la falta de inversión que por entonces padecía la población, ya que los Ayuntamientos prácticamente no disponían de recursos más que para gestionar las necesidades más básicas. Estas limitaciones comenzarían a cambiar con las primeras corporaciones democráticas y el cambio en los sistemas de financiación y gestión de la recaudación.

La Plaza Mayor, que hasta 1979 llevaba el nombre del general Queipo de Llano,
era un improvisado aparcamiento en superficie. Su prolongación hasta la Iglesia Vieja
(García Morato, hoy Concejal Sebastián Pérez), mantuvo el aspecto que muestra
en la foto, con el mercado asomando a la derecha, hasta 1998.

El Ayuntamiento, construcción renacentista de hacia 1535 con su torre de finales
del XVII, en una imagen posterior a 1982 (aparece a bandera autonómica). La
reurbanización de la plaza con la instalación de la "Fuente de los Leones" fue
la primera actuación de la corporación salida de las urnas en 1979, que también
restituyó, tanto a la plaza como a muchas otras calles, sus nombres tradicionales.
El Ayuntamiento albergaba en sus bajos la comisaría de Policía Local.

Las calles Corbalán y San Francisco siempre han sido el centro de la vida yeclana, esa arteria característica con la que todo pueblo cuenta, en la que es imprescindible dejarse ver y ser visto. Entonces y hoy, sus locales siguen siendo los más cotizados, a pesar de la extensión de la actividad comercial a las calles aledañas, especialmente las del Niño y Hospital.

Calle Martínez-Corbalán en los primeros 80, con el pavimento colocado
hacia 1979. La calle recupera su nombre ese mismo año tras haber estado
rotulada como "José Antonio". Esta vía une la Plaza Mayor con la
Basílica de la Purísima.

La misma calle una década antes: pavimento de grandes adoquines de
piedra y el primer bloque de ocho alturas que asoma a la izquierda.
La mayor parte de estos edificios ya no existe. Por la cantidad de
público puede tratarse de un miércoles de mercado por la mañana.
El mástil indica la situación de la primitiva oficina del INSS.

Bajando en nuestro recorrido llegamos al Atrio de la Purísima, lugar desde el cual parte la numeración de las calles de Yecla, y donde se asienta el principal templo de la localidad, levantado entre 1775 y 1868 y conocido popularmente como Iglesia Nueva, en oposición a la Iglesia Vieja de la Asunción, que perdería su condición parroquial con la inauguración de este nuevo edificio.

Las farolas y los setos hace tiempo que fueron sustituidos
por las socorridas fernandinas y las losas de granito. En esta
imagen de los sesenta aparece el atrio con su pavimento
colocado en 1957, reemplazado en 1995.

Cruce de las calles Colón y San Francisco (a la derecha), a la altura de la
Cruz de los Caídos, cuyas farolas asoman a la izquierda. Las moreras son las
protagonistas de una calle en la que apenas hay vehículos aparcados y la
zona azul es algo impensable.

Bajando por la calle San Francisco, que conecta la Basílica de la Purísima con el antiguo convento franciscano desamortizado en 1835, llegamos hasta el actual jardín municipal y sus dos espacios contiguos: la Glorieta o jardín, junto al Teatro, y el Parque propiamente dicho, con el palomar, en la zona baja.

Jardín Municipal con la fuente y el monumento a Azorín bajo su cedro del Líbano.
A la izquierda asoma la cúpula listada de la Purísima (imposible de ver hoy desde
ese punto), y a la izquierda la llamada "Torre de Yecla", edificio de diez
pisos levantado a mediados de los 60.

En esta otra toma se aprecia, a la izquierda, el antiguo templete de la música
que, con los parterres que lo rodeaban, separaba el jardín del nivel inferior, el
parque de las palomas.

El templete de la música desde el Parque. Al fondo, la calle San Francisco
sube hacia el centro de la población dejando a un costado el Teatro Regio
y la Sociedad Recreativa de Cazadores.

El Parque gira en torno al Palomar levantado hacia 1936 según diseño de Teófilo Villanueva. Cada remodelación de su entorno le ha ido restando elementos: primero las ramas que salían de la base y posteriormente el lago que lo rodeaba, con la última y desafortunada intervención llevada a cabo en el año 2002.

El Palomar rodeado de los chopos que todavía hoy subsisten.

Tras el Palomar puede verse todavía el antiguo kiosco modernista
desaparecido en la actualidad.

El Palomar, situado en el centro del hoy llamado Parque de la
Constitución, y del Generalísimo cuando fue editada esta postal.

Antes comentaba que las postales no sólo muestran las imágenes más características de las ciudades, sino también los elementos que definen un desarrollo tan exiguo como deseado por entonces.

En Yecla la Feria del Mueble había surgido en 1961 como respuesta ante la falta
de ventas. En 1968 tuvo que inaugurar un nuevo edificio en la zona baja
de la población, que inmediatamente ejerció el papel de polo de atracción
para nuevas construcciones industriales y residenciales a su alrededor.

La ciudad seguía extendiéndose a golpe de cuadrícula ocupando los
terrenos libres entre el casco urbano y la antigua estación de vía estrecha.
La iglesia de San José se levantó en 1964 para dar cobertura a la feligresía
de la zona.

Y, cómo no, en la Yecla de la época, no podían faltar las postales dedicadas a sus imágenes religiosas más populares y veneradas:

La Virgen de las Angustias, un Viernes Santo cualquiera
entre el Ayuntamiento y el Mercado. La imagen, declarada
BIC desde 2002, es obra de Francisco Salzillo, de 1763, una de
las escasas muestras de arte religioso conservadas en Yecla
anteriores a 1940.

La Virgen del Castillo, Patrona de Yecla, en una postal
de hacia 1970. La imagen, del alcoyano Miguel Torregrosa,
 reemplazó en 1941 a otra talla de vestir, quemada en 1936
 y anónima de principios del XVIII.

Y hasta aquí, por el momento, el paseo por las postales de una Yecla que comenzaba a mostrarse en color. Hasta la próxima.

sábado, 24 de agosto de 2013

RetroAlacant (IV): La Playa de San Juan.




Playa de San Juan. Composición fotográfica publicada en 1964.

El primer polígono de la Playa de San Juan, hoy ya conectado plenamente con la ciudad de Alicante tanto físicamente en su trama como en sus equipamientos (el más evidente, desde finales del 2009 es la puesta en funcionamiento del bucle que la línea 4 del TRAM desarrolla entre las avenidas Costablanca y de Las Naciones), surge en 1959 bajo diseño del arquitecto Juan Guardiola Gaya (1927, t. 1957, 2005), si bien contaba con precedentes en 1957 (Miguel López González) y aún anteriores, cuando en 1933 se convoca el concurso para el diseño de la llamada Ciudad Prieto (en honor al Ministro de Obras Públicas a la sazón, Indalecio Prieto, encargado de promover dicho polígono como ciudad satélite vacacional de Alicante). A pesar de contar con interesantes propuestas que recogen los novedosos planteamientos del urbanismo moderno que se estaba gestando en los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, promovidos por Le Corbusier) y que la Carta de Atenas se encargaría de recopilar a principios de la década de los 30, el estallido de la Guerra Civil provocó que el anteproyecto ganador del arquitecto Pedro Muguruza finalmente fuese olvidado.

De esta forma, será Juan Guardiola el que, a finales de la década de los cincuenta del siglo XX, proyecte una nueva ciudad de segunda residencia, sobre una gran superficie trapezoidal (condicionada por la propiedad del terreno), cuyos ejes principales se sitúan en paralelo a la línea de costa. El eje principal lo constituye la entonces conocida como "Gran Avenida", más tarde rotulada como Avenida Costa Blanca, que recorre el polígono de sur a norte dejando a su derecha una línea de manzanas que la separa de la costa. La avenida de Niza, colindante a la playa y prevista como peatonal, se correspondía con el antiguo trazado que, por la costa, unía Alicante con El Campello (A-190) y que, sólo recientemente y en parte, ha podido ser librada del tráfico rodado.

La gran avenida está jalonada por diez torres, previstas de diez alturas (aunque después se autorizan hasta quince plantas), que, a modo de hitos dominan jerárquicamente el resto de edificaciones que, de menor a mayor altura, se disponen de forma paralela y perpendicular a los grandes ejes del plan, ocupando la primera línea las construcciones de menor elevación, puesto que se pretendía que los edificios más alejados de la costa tuvieran también la posibilidad de disfrutar de las oportunas vistas sobre el mar. Es de destacar, además, la variedad de tipologías permitida (torres, adosados dúplex-tríplex, bloques de mediana altura) y que, curiosamente, el propio Guardiola reproduce a pequeña escala al concentrar todos estos elementos en su Urbanización La Rotonda (1965).

La Avenida Costa Blanca en una postal de Vipa publicada a finales de los años 60.
Vemos el edificio Zafiro en construcción.

Avenida Costa Blanca (principal eje del planeamiento de la Playa de San Juan). Podemos apreciar
algunas de las torres de planta cuadrada, de 18x18 metros de superficie y amplias terrazas. Constituyen
prismas puros, todavía sin acristalar y lejos del aspecto de degradación que ofrecen en la actualidad
al haberse cerrado sus voladizos de forma desordenada. A la derecha, uno de los edificios gemelos que
Francisco Muñoz Llorens proyecta en 1965 para Armando Fernández.

Los inmuebles se reparten ordenadamente en el interior de supercuadras de 180x260 metros  de superficie, proyectadas sus dimensiones en relación a la velocidad que puede alcanzar el automóvil, siendo esta idea influencia del diseño de Brasilia, de Lucio Costa; se disponen sobre un tapiz verde, una naturaleza de nueva creación que no existía previamente y que Juan Guardiola pretende sin cercas, semipública, para el uso y disfrute de los habitantes de esta nueva ciudad. Las manzanas se perforan por calles en fondo de saco que, en sus puntos medios, permiten el acceso al vehículo particular.

Tarjeta postal que reproduce una panorámica aérea tomada en la segunda mitad
de la década de los 60. La Gran Avenida todavía no está asfaltada, por lo que la única
vía de "gran capacidad" continúa siendo la carretera A-190 que bordea la playa.
Algunas de las torres cuadradas de la Avenida están terminadas, como también lo
está la Urbanización La Rotonda (J. Guardiola, 1965) en la parte inferior de la imagen.

Esta fotografía, quizá más antigua que la anterior, nos muestra un parcelario homogéneo
en el que las edificaciones todavía se ajustan a las pautas recogidas en el Plan ideado por
Guardiola: baja altura cerca del mar y respeto de las líneas dominantes de la trama.

Como sabemos, el Plan ideado por Guardiola se desvirtuará  tempranamente y se autorizarán edificios de mucha más altura que las torres de la avenida Costa Blanca, con diferentes disposiciones sobre el plano que impiden la correcta lectura del mismo, del cual sólo se respeta el trazado de los principales viales. Los equipamientos, limitados en su concepción como correspondía a una ciudad de vacaciones, se ven todavía más reducidos y las zonas verdes se convierten en privadas, perdiéndose en gran medida la buscada relación con la naturaleza que se había promovido desde los CIAM y que Guardiola había recogido en su propuesta, algo que sin duda había aprendido de los maestros con los que había colaborado a pesar de su, por entonces, todavía escasa experiencia profesional.

El edificio conocido como Club del Mar, también obra de Guardiola y que se situa en un extremo
del polígono, recayendo sus traseras a la Avenida de Las Naciones, presenta un trazado orgánico
en curva y adaptado al desnivel del terreno, alejándose ya de las directrices indicadas en el Plan.

Edificios de gran altura se levantan ahora en el interior de las parcelas, sin que su
disposición quede sujeta a ninguna regla establecida.

Este primer polígono de la Playa de San Juan se completaría entre las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Existen numerosísimos documentos gráficos de la época que muestran su proceso evolutivo, parte de los cuales vamos a reproducir a continuación como soporte visual al texto anteriormente publicado. La edición de estas postales supuso en su época, además, un eficaz método publicitario de la nueva ciudad de vacaciones que estaba surgiendo en España, un fenómeno del que no había precedentes en Europa (no al menos de tal magnitud) y que, alentada desde el Gobierno como motor de crecimiento y promovida por intereses privados, se iba a convertir en un elemento indispensable (junto con el vehículo particular o el televisor) y definitorio de los usos y costumbres de la llamada clase media que comenzaba a destacar en la España de la época.

Imagen aérea de la avenida de Niza donde se observa que el deseo de convertirla
en un eje peatonal quedaba lejos de verse cumplido. Los chiringuitos son construcciones
provisionales dispuestas sobre la arena. La playa tiene una anchura mucho menor que la
actual, regenerada tras costosas obras promovidas hacia 1990.

Podemos apreciar una línea de costa todavía sin planificar, en la que los
vehículos particulares y el asfalto se interponen entre las escasas construcciones
y la arena, entre la habitación y el descanso, justo lo contrario de lo promovido
en los CIAM.

La carretera A-190, receptora de la mayor parte del tráfico, ve desbordada su capacidad
al convertirse en una vía urbana. Al fondo podemos ver la torre del complejo
La Rotonda con sus característicos antepechos.

Otra vista de la primera línea de playas, con los primeros edificios en altura
que se levantan entre las construcciones de finales de los cincuenta y los
antiguos chalés hoy desaparecidos.

Bloques levantados a finales de los años 50 junto a la antigua carretera.

La Avenida Costa Blanca explanada, pero todavía sin asfaltar en la segunda
mitad de la década de los 60.

Final de la Avenida Costa Blanca, todavía no explanada en su totalidad y con
una edificación incipiente no dotada todavía de ningún equipamiento.

A diferencia de la fotografía anterior, vemos como el suelo disponible va
completándose y los viales son urbanizados y dotados de servicios
indispensables como alumbrado y alcantarillado. La jardinería sigue siendo
un tema pendiente.

En esta fotografía, más cercana en el tiempo, aparece el inicio de la "Gran Avenida"
con las dos torres gemelas de Muñoz Llorens a la izquierda. Hoy ya no es posible
apreciar este conjunto al haber mutado una de ellas hacia una estética post-moderna
totalmente distinta.

Las torres prismáticas van emergiendo entre el resto de los edificios y
los solares todavía disponibles a finales de los sesenta.

Las calles paralelas a los viales principales del polígono van colmatándose,
aunque todavía quedan antiguas viviendas aisladas.

Acceso a los apartamentos Aisa desde la avenida de Niza. Un espacio común,
semipúblico, diseñado con cierto gusto por García Solera.

La iglesia del polígono, proyectada en 1970 por los arquitectos
R. Benito y F. Pérez Segura, y construida en colaboración con el
ingeniero L. Martínez Pérez. Original solución de estética brutalista
que permite ampliar notablemente su capacidad de forma práctica en
periodos vacacionales de gran afluencia.

Otra panorámica del Club de Mar, bloque longitudinal de directriz
curva situado entre las avenidas de San Sebastián, Benidorm
y de las Naciones.

El Plan prevé que las parcelas más próximas al Cap de l'Horta sean ocupadas
por viviendas unifamiliares. La urbanización La Rotonda actua de transición
al orientar sus dúplex hacia este punto.

La Rotonda (J. Guardiola Gaya, 1965) constituye una de las imágenes
más reconocibles de la Playa de San Juan.

La urbanización La Rotonda, situada en la curva de la antigua carretera,
actua como hito visual que marca el inicio del área destinada a edificios
en altura. En su parcela integra, sin embargo, cuatro tipologías diferentes:
Torre de diecisiete plantas de piso, bloque de dúplex, tríplex y bloque de
mediana altura (6 plantas).

La torre aparece como único edificio en altura de la primera línea de playa
en esta postal editada en 1973.

En esta imagen comercializada por Escudo de Oro, se muestra en primer plano
el bloque de viviendas dúplex de La Rotonda, con la carismática torre al fondo.
Obsérvese la ausencia de cerramiento perimetral en la parcela.

Hasta aquí nuestro breve recorrido por la historia y las imágenes de la Playa alicantina de San Juan. Si os ha gustado, os espero en la próxima.

Para quien quiera saber más...