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lunes, 11 de junio de 2018

RetroAlacant V: La Plaza de Luceros.




A través de las postales de los años sesenta y setenta podemos reconstruir la secuencia de sustitución de los edificios de la Plaza de los Luceros y la forma en la que, poco a poco, ha ido cambiando su imagen. Las postales son un excelente vehículo propagandístico, y cada ciudad buscará en la impresión de las mismas un recurso fácil e inmediato en el que, con ayuda de ese turismo que comienza a alcanzar cifras destacables y que actuará, de modo inconsciente, como vector de transmisión, una manera de difundir sus activos, tanto aquellos considerados históricos como otros que, como en el caso, muestran una imagen de progreso y desarrollo urbano. En este artículo me gustaría hablar sobre ciertos aspectos de este espacio, acompañando el texto de diversas postales de época extraídas de todocoleccion.net.


En esta primera imagen, editada por Tip. H. Fournier, que consideramos anterior a 1943, puesto que todavía no se ha levantado el edificio que hace esquina con la Avenida de la Estación en la acera de los impares, se observa al fondo la Estación férrea de Madrid con su antiguo frontis, y a la derecha, el Palacio de la Diputación Provincial, obra de Vidal inaugurada en 1932.
 
Esta postal muestra, desde un punto de vista ligeramente diferente, el frente NW de la Plaza. En la esquina con la Avenida de la Estación (Entonces del General Mola), el edificio Sevilla, de Juan Vidal (1930). En el ángulo a Marvá, un edificio proyectado por Gabriel Penalva y finalizado a principios de la década de 1940, actualmente sustituido por otro de factura reciente.


En estas dos estampas, además del protagonismo indiscutible de la "Fuente de Levante", del escultor Daniel Bañuls (1930), el objetivo se centra en la comunión de la plaza con la Avenida Alfonso el Sabio, eje de primer orden en el Ensanche, de 32 metros de anchura, que conecta la Estación de Ferrocarril con el extremo opuesto del plano.



Plaza de la Independencia, Plaza de Cataluña o de Los Luceros si hacemos caso del callejero oficial de la ciudad en los cien últimos años, siendo éste último el que permanece vigente y que parece que ha calado en el imaginario ciudadano constituyendo un nodo con nombre propio e importancia contrastada dentro del plano y la organización espacial del espacio urbano, difuminada y ya muy lejana aquella primitiva inspiración falangista que justificase esta denominación. Alternativa y popularmente conocida como Plaça dels Cavalls en referencia al conjunto escultórico que adorna la rotonda central, la moderna normalización "televisiva" del valenciano la rebautizó (algo a lo que ni siquiera ha sido ajena Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana a la hora de rotular la correspondiente estación subterránea del transporte metropolitano) como Plaça dels Estels, en una traducción literal que identificó automáticamente Los Luceros con unos hipotéticos cuerpos celestes en los que nadie parece encontrar una referencia inmediata que justifique el nombre de este espacio ciudadano.

En los años 50, la edición de postales en color se extiende en los kioscos alicantinos. En esta imagen comercializada en 1958 podemos contemplar Alfonso el Sabio todavía con sus edificios de la primera mitad del siglo XX, destacando en altura el de la esquina con Ángel Lozano, datado en 1945.

En esta otra postal coetánea a la anterior, se muestra además de la Plaza de Luceros, la acera de los pares de Alfonso el Sabio. También resulta curioso el conjunto que forman los dos edificios con esquina a la plaza, rematados en sendos cubillos y proyectados por Juan Vidal. Se trata de los edificios Vigrana (izq, 1931) y Mataix (dcha, 1922), que serían demolidos años después.

 
Esta tarjeta postal comercializada por Ed. Ágata en 1964 muestra una imagen en la que ya comienzan a levantarse nuevos edificios en la Plaza: Se observa parte de la estructura, en construcción, de la Residencia Covadonga. A lo lejos puede divisarse la Torre Provincial en plenas obras, cuya inauguración tendría lugar en 1960.
 
Esta postal fue comercializada por la misma casa por las mismas fechas, aunque se centra en la fuente de la rotonda central y en la jardinería que rodea a la misma.

A pesar de que en nuestros días la Plaza de Luceros constituye un nodo de primer orden en la configuración de la ciudad de Alicante, y por sorprendente que pueda parecernos, no aparecía definida en el primer plano del Ensanche, firmado por José González Altés en 1893 y aprobado definitivamente por el Ministerio de Fomento el 7 de abril del mismo año. Sí recogían las alineaciones, en cambio, las dos grandes avenidas, de primer orden en la jerarquización del viario proyectado que con su intersección darían lugar, ya avanzado el primer cuarto del siglo XX a este espacio de geometría circular. En Ensanche de la ciudad de Alicante, organizado en una retícula de manzanas desiguales, comenzaría a gestarse tras la autorización para derribar las murallas que la cercaban, y se extendería entre el núcleo edificado y la nueva estación de MZA o de Madrid, inspirándose en los grandes planes de Ensanche ya definidos en la España de la época, el Plan Cerdá barcelonés y el Plan Castro de Madrid, pero limitado por unos condicionantes físicos a tener en cuenta: la elevada pendiente media del terreno, el frente marítimo y la preexistencia de vías de comunicación (la Alameda de San Francisco que se adaptaría como vía diagonal, la posterior Avenida Maisonnave), así como la existencia de accidentes geográficos: Benacantil, Tossal, Muntanyeta (que acabaría desapareciendo entrados los años 40 del siglo XX) o el Barranco de San Blas, desviado primero y finalmente entubado bajo la actual Avenida Óscar Esplá.

En esta postal se muestra la estructura de la Residencia Covadonga más avanzada, y aparecen ya acabados los edificios de Alfonso el Sabio 35 (esquina Ángel Lozano) y en obras el de Federico Soto 22, así como el Gran Sol, a lo lejos, lo que permite datar la imagen en la primera mitad de los años 60.

Esta postal de García Garrabella es de 1964, y en la misma se puede apreciar lo que parece ser la Foguera de Alfonso el Sabio, dando frente a la misma Avenida. Todavía los edificios Vigrana y Mataix se conservan, aunque la trama del Ensanche se sigue densificando.
 
La Editorial Macián comercializaría esta postal en las mismas fechas, aunque aquí se prefiere mostrar el frente de la plaza que enmarca la Avenida Federico Soto, donde a la izquierda se levanta el Edificio Baena, de Gabriel Penalva (1934), y único edificio original anterior a la Guerra Civil que subsiste en Luceros, y a la derecha uno de los primeros inmuebles residenciales de alto nivel construidos a finales de la década de los cincuenta.
En 1908 la plaza parece estar ya explanada y es en este momento cuando se la bautiza como "de la Independencia", en conmemoración del primer centenario del levantamiento madrileño del Dos de Mayo contra la invasión napoleónica. El nombre gozaría de una prolongada vigencia hasta que en 1934 se dedica a Cataluña, tras la aprobación de su Estatuto de Autonomía; este nombre, se alternaría con el anterior hasta que en 1939 se rotula con su denominación actual.

La imagen (Ed. Pergamino) muestra los edificios que dan paso a la Avenida General Marvá, ya a finales de los años sesenta. A la derecha ya se levanta el inmueble proyectado por Juan Antonio García Solera y finalizado en 1968.

 
Postal de la Editorial Subirats Casanovas que nos ofrece el aspecto del sector de la plaza delimitado por Marvá y Alfonso el Sabio a finales de los sesenta. El edificio Vigrana ya ha desaparecido dejando paso al de la Cafetería Iruña, finalizado en 1967.

Plaza de Luceros y Alfonso el Sabio a comienzos de los años setenta. Ya aparece el edificio de Alfonso el Sabio 45 c/v Álvarez Sereix (1970) y todavía en pie el conocido como Mataix (J. Vidal, 1922), que sería derribado poco después. Todavía pueden apreciarse los carriles del tranvía rodeando la rotonda.

De 1972 data esta postal comercializada por la casa García Garrabella. Los tranvías ya han desaparecido de las calles alicantinas.


Estas dos imágenes, la primera comercializada por Papisa en 1977 y por Tortosa en 1975 la ubicada sobre estas líneas, muestran un primer plano de la Fuente de Levante. A la derecha puede adivinarse el solar dejado por el derribo del Edificio Mataix, que dejaría paso a partir de 1974 a la nueva sede del Banco Santander.

Postal de 1979 en la que la plaza ya casi ha sustituido casi todos sus edificios primitivos por otros de mayor superficie construida. Las dos casas de pisos de la derecha serían derribadas en los años noventa.

El Edificio Riscal (proyectado por Francisco Muñoz Llorens) domina en segundo plano la plaza debido a su elevada altura. En la imagen puede observarse todavía el Colegio de los Hermanos Maristas, con su edificio levantado en los sesenta y derribado a mediados de los ochenta.

En este intervalo de tiempo comenzaría la plaza, poco a poco, a poblarse de edificios, hasta ser el espacio urbano más solicitado (y también fotografiado, pues el comercio de postales sería una estupenda carta de presentación para las ciudades de la época, deseosas de transmitir una imagen de modernidad y desarrollo urbano) del Ensanche. Arquitectos de éxito entre la burguesía, como Juan Vidal, proyectan en la plaza, pero también otros recién titulados, como Gabriel Penalva, que introducirán un lenguaje más moderno. Unos y otros contribuirán a crear un alzado globalmente ecléctico, carácter que se conserva en la actualidad a pesar de que la mayor parte de los edificios han sido sustituidos víctimas de una especulación inmobiliaria generada por un cambio en los usos del suelo (no reglamentado) que condujo, en primer lugar, a la edificación de nuevas viviendas de alto nivel a las que más tarde se añadiría una terciarización casi total que supuso un incremento considerable del rendimiento económico del espacio construido. 

Finalmente acabamos con tres imágenes nocturnas de Luceros. La primera, de García Garrabella (1970); la seguda, de Raker (1972). En la última, la fuente iluminada cede parte del protagonismo a la silueta del Riscal en una postal editada en 1979.

 Hasta la próxima.

sábado, 19 de octubre de 2013

Postales de Yecla.

El artículo de hoy vuelve a tratar sobre Yecla. Sin embargo, en esta ocasión traemos unas cuantas postales fechadas entre los años 60 y 80 del pasado siglo XX, en las que se muestran los cambios que iba experimentando la polvorienta y aislada ciudad que era al comienzo del periodo (de fuerte carácter, según dicen quienes han escrito sobre ella, tan alejada de la estereotipada imagen murciana) y que poco a poco la iban a ir convirtiendo en lo que es ahora. Calles todavía en muchos casos sin asfaltar o sin iluminar, edificios bajos, horizonte rural de campos cultivados sin apenas construcciones y nuevos barrios que irían surgiendo al ritmo al que se desarrollaba la industria del mueble, lo único que logró frenar la despoblación que la hizo perder más de siete mil habitantes entre 1940 y 1970.

Las imágenes, al igual que en el resto de ciudades y pueblos en las que se editaban postales, muestran por una parte lo más típico de la localidad en cuanto a monumentos o espacios urbanos y por otro lado las escasas muestras de desarrollo que iban surgiendo de forma un tanto improvisada, pero de las cuales sin duda sus habitantes se sentían de sobra orgullosos: nuevas industrias, nuevas barriadas...

Comenzamos mostrando imágenes generales de la ciudad. Las diferencias con la Yecla actual son más que evidentes; en la primera de las fotografías especialmente se observa cómo la trama urbana finaliza de forma nítida respetando la exigua huerta todavía cultivada por entonces.

Yecla desde el cerro del Castillo. Editada en 1969. Sobre un mar de tejados pardos tan solo
destacan las moles de las iglesias Vieja y Nueva, la torre del Reloj y algunos edificios de viviendas
en construcción, los primeros que alterarían de forma notable la escala urbana con su implantación
entre inmuebles de dos y tres alturas.

La misma fotografía anterior pero incorporando dos imágenes del jardín municipal,
con la fuente a la izquierda y el templete de la música a la derecha.

Yecla a principios de los años 80. La trama urbana se ha poblado de edificios de viviendas,
y han surgido nuevos barrios sobre la antigua huerta, como el Barrio del Sol junto a la
Feria del Mueble. Las industrias comienzan a poblar de forma improvisada los márgenes
de las carreteras de Caudete y Villena (centro y derecha de la imagen).

Las calles yeclanas ofrecían un aspecto diferente al que muestran en la actualidad. En el casco viejo el asfalto y la iluminación nocturnas eran prácticamente inexistentes, y las viviendas poseían unas condiciones de habitabilidad bastante limitadas. El centro urbano, que concentraba entonces como ahora la mayoría de las actividades terciarias en sus amplias y largas vías, no padecía el tráfico a motor actual puesto que los vehículos a dos ruedas, tanto bicicletas como motos, eran los medios de locomoción más utilizados.

El llamado Arco de los Reyes Católicos y la torre renacentista
de la Iglesia Vieja de la Asunción quizá sean, aún hoy, una de las
imágenes más reconocibles de Yecla. Podemos ver en la postal, de
principios de los 60, casas de dos alturas con pequeños huecos
para minimizar los efectos de clima, pavimento de tierra apisonada y
ausencia de alumbrado público. A destacar el luto de las señoras,
algo tan habitual por entonces.

Otra postal de la calle Iglesia con sus antiguas
fachadas encaladas y sus cubiertas de teja de cañón.

A medida que descendemos hacia la parte más llana de la ciudad, los espacios se hacen más amplios y muestran una mejor imagen, aunque no pueden esconder la falta de inversión que por entonces padecía la población, ya que los Ayuntamientos prácticamente no disponían de recursos más que para gestionar las necesidades más básicas. Estas limitaciones comenzarían a cambiar con las primeras corporaciones democráticas y el cambio en los sistemas de financiación y gestión de la recaudación.

La Plaza Mayor, que hasta 1979 llevaba el nombre del general Queipo de Llano,
era un improvisado aparcamiento en superficie. Su prolongación hasta la Iglesia Vieja
(García Morato, hoy Concejal Sebastián Pérez), mantuvo el aspecto que muestra
en la foto, con el mercado asomando a la derecha, hasta 1998.

El Ayuntamiento, construcción renacentista de hacia 1535 con su torre de finales
del XVII, en una imagen posterior a 1982 (aparece a bandera autonómica). La
reurbanización de la plaza con la instalación de la "Fuente de los Leones" fue
la primera actuación de la corporación salida de las urnas en 1979, que también
restituyó, tanto a la plaza como a muchas otras calles, sus nombres tradicionales.
El Ayuntamiento albergaba en sus bajos la comisaría de Policía Local.

Las calles Corbalán y San Francisco siempre han sido el centro de la vida yeclana, esa arteria característica con la que todo pueblo cuenta, en la que es imprescindible dejarse ver y ser visto. Entonces y hoy, sus locales siguen siendo los más cotizados, a pesar de la extensión de la actividad comercial a las calles aledañas, especialmente las del Niño y Hospital.

Calle Martínez-Corbalán en los primeros 80, con el pavimento colocado
hacia 1979. La calle recupera su nombre ese mismo año tras haber estado
rotulada como "José Antonio". Esta vía une la Plaza Mayor con la
Basílica de la Purísima.

La misma calle una década antes: pavimento de grandes adoquines de
piedra y el primer bloque de ocho alturas que asoma a la izquierda.
La mayor parte de estos edificios ya no existe. Por la cantidad de
público puede tratarse de un miércoles de mercado por la mañana.
El mástil indica la situación de la primitiva oficina del INSS.

Bajando en nuestro recorrido llegamos al Atrio de la Purísima, lugar desde el cual parte la numeración de las calles de Yecla, y donde se asienta el principal templo de la localidad, levantado entre 1775 y 1868 y conocido popularmente como Iglesia Nueva, en oposición a la Iglesia Vieja de la Asunción, que perdería su condición parroquial con la inauguración de este nuevo edificio.

Las farolas y los setos hace tiempo que fueron sustituidos
por las socorridas fernandinas y las losas de granito. En esta
imagen de los sesenta aparece el atrio con su pavimento
colocado en 1957, reemplazado en 1995.

Cruce de las calles Colón y San Francisco (a la derecha), a la altura de la
Cruz de los Caídos, cuyas farolas asoman a la izquierda. Las moreras son las
protagonistas de una calle en la que apenas hay vehículos aparcados y la
zona azul es algo impensable.

Bajando por la calle San Francisco, que conecta la Basílica de la Purísima con el antiguo convento franciscano desamortizado en 1835, llegamos hasta el actual jardín municipal y sus dos espacios contiguos: la Glorieta o jardín, junto al Teatro, y el Parque propiamente dicho, con el palomar, en la zona baja.

Jardín Municipal con la fuente y el monumento a Azorín bajo su cedro del Líbano.
A la izquierda asoma la cúpula listada de la Purísima (imposible de ver hoy desde
ese punto), y a la izquierda la llamada "Torre de Yecla", edificio de diez
pisos levantado a mediados de los 60.

En esta otra toma se aprecia, a la izquierda, el antiguo templete de la música
que, con los parterres que lo rodeaban, separaba el jardín del nivel inferior, el
parque de las palomas.

El templete de la música desde el Parque. Al fondo, la calle San Francisco
sube hacia el centro de la población dejando a un costado el Teatro Regio
y la Sociedad Recreativa de Cazadores.

El Parque gira en torno al Palomar levantado hacia 1936 según diseño de Teófilo Villanueva. Cada remodelación de su entorno le ha ido restando elementos: primero las ramas que salían de la base y posteriormente el lago que lo rodeaba, con la última y desafortunada intervención llevada a cabo en el año 2002.

El Palomar rodeado de los chopos que todavía hoy subsisten.

Tras el Palomar puede verse todavía el antiguo kiosco modernista
desaparecido en la actualidad.

El Palomar, situado en el centro del hoy llamado Parque de la
Constitución, y del Generalísimo cuando fue editada esta postal.

Antes comentaba que las postales no sólo muestran las imágenes más características de las ciudades, sino también los elementos que definen un desarrollo tan exiguo como deseado por entonces.

En Yecla la Feria del Mueble había surgido en 1961 como respuesta ante la falta
de ventas. En 1968 tuvo que inaugurar un nuevo edificio en la zona baja
de la población, que inmediatamente ejerció el papel de polo de atracción
para nuevas construcciones industriales y residenciales a su alrededor.

La ciudad seguía extendiéndose a golpe de cuadrícula ocupando los
terrenos libres entre el casco urbano y la antigua estación de vía estrecha.
La iglesia de San José se levantó en 1964 para dar cobertura a la feligresía
de la zona.

Y, cómo no, en la Yecla de la época, no podían faltar las postales dedicadas a sus imágenes religiosas más populares y veneradas:

La Virgen de las Angustias, un Viernes Santo cualquiera
entre el Ayuntamiento y el Mercado. La imagen, declarada
BIC desde 2002, es obra de Francisco Salzillo, de 1763, una de
las escasas muestras de arte religioso conservadas en Yecla
anteriores a 1940.

La Virgen del Castillo, Patrona de Yecla, en una postal
de hacia 1970. La imagen, del alcoyano Miguel Torregrosa,
 reemplazó en 1941 a otra talla de vestir, quemada en 1936
 y anónima de principios del XVIII.

Y hasta aquí, por el momento, el paseo por las postales de una Yecla que comenzaba a mostrarse en color. Hasta la próxima.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Comercio "moderno"

Comercio "moderno". Y como podéis leer va entrecomillado. La razón es simple: fue moderno en su día, pero ahora ya puede calificarse de un elemento etnológico más de nuestros pueblos y ciudades. Aquel comercio nacido al amparo de los años de desarrollismo de nuestro país, hace más de cuatro décadas, subsiste hoy, en algunos casos, conservando todavía aquella imagen con la que surgió, a pesar de parecernos más propia de los decorados de series de televisión como "Cuéntame como pasó" que de la segunda década del siglo XXI. A poco que observemos, podremos encontrarnos con buen número de comercios que han sobrevivido a periodos cíclicos de bonanza económica y crisis, a aperturas de centros comerciales en las afueras, a peatonalizaciones, a jubilaciones de sus propietarios, a traspasos o a cambios en los usos y costumbres del consumidor entre otras muchas vicisitudes. En las siguientes fotografías me gustaría mostrar una breve muestra de ellos, que no pretende ser exhaustiva, pero sí representativa de una estética y de un lenguaje publicitario expresado a través de formas geométricas, tipografías y materiales concretos en una época en la que la realmente empezó a emplearse la imagen como verdadero reclamo.

Normalmente son las tiendas de moda las que intentan crear tendencia, sabiendo que una imagen llamativa o rompedora puede ser la mejor arma para captar la atención del posible comprador.


Calzados Solny. Calle Mayor, 1. Palencia. Noviembre 2010.
A pesar de su estado actual se puede advertir una cierta preocupación geométrica
en la ordenación de huecos y publicidad, integrando luminarias empotradas y utilizando
la puerta de acceso como segundo escaparate, buscando comunicar el interior
del establecimiento con la vía pública.


Borreguero. Rambla Méndez Núñez, 10. Alicante. Octubre 2010.
En los años 60 y 70 las mejores tiendas de la ciudad se ubicaban en esta
vía. Borreguero es la última de ellas. A destacar la calidad de los materiales
empleados: piedra, maderas bien trabajadas, aluminio, vidrios y una potente
marquesina que se prolonga sobre la acera y permite contemplar bien protegido
 un escaparate envolvente. La iluminación también está bien estudiada.

La Virgen de los Dolores. Mercería ubicada en la calle Santa Florentina 15 (Cartagena).
Más modesta que la anterior, de esta tienda podemos destacar la tipografía de su rótulo
y su escaparate lineal, con gran superficie de exposición. 

Eva Boutique. Calle Antonio López del Oro, Hellín (Albacete).
En este caso es el rótulo publicitario el que capta nuestra atención,
así como el empleo de la palabra "boutique". 

Confecciones Ochando se ubicaba en la calle del Rabal, 6, de Hellín (Albacete).
A pesar de ser una tienda de las de "toda la vida", en la que toda la familia podía salir
equipada para vestir en cualquier ocasión y acontecimiento, la composición en franjas
horizontales de su fachada y el empleo del aluminio y el vidrio como su seña de identidad
no deja lugar a dudas acerca de su adscripción al segundo movimiento moderno que
se desarrolló en España a partir de 1960. El estilo tipográfico de su marca comercial también
es digno de mención.

Un ejemplo parecido, aunque más modesto, es éste de Tejidos Mayjo en
Miguel Fluiters, 22 (Guadalajara). De nuevo aparecen los aplacados de mármol
siempre en colores oscuros y el vidrio sin perfilería en los escaparates.  En
este caso el establecimiento integra también el entresuelo del edificio, algo
que era bastante habitual para separar las secciones por plantas al modo
de los grandes almacenes comerciales.

En ocasiones, el rótulo luminoso del establecimiento contribuye a "hacer ciudad"
y se convierte en un elemento más que reconocible del paisaje urbano. Un ejemplo
muy característico al respecto lo encontramos en esta tienda de calzado para niños
ubicada en la Plaza de Camachos, 12 (Murcia).


Ópticas, joyerías y relojerías, como complementos de moda, también tienen mucho que decir en el campo de la imagen comercial. Y no es de extrañar, puesto que en ellas se suelen vender objetos frecuentemente asociados con el interés por mostrar cierto "status" social. Esta cuestión que hoy día puede parecernos tan banal, quizá no lo era tanto hace unas cuantas décadas.

Joyería Óptica Germán. San Torcuato, 17. Zamora. Ubicada en la calle comercial
más importante del centro de Zamora, esta óptica-joyería vuelve a emplear recursos
modernos, quizá inspirados en otros modelos y dispuestos aquí
sin lograr crear un conjunto del todo coherente.

Gran Óptica. Murcia, Avenida de la Libertad. Uno de los principales valores de
este local es su situación en esquina, que permite una gran superficie expositiva,
en este caso muy bien aprovechada: el interior parece formar parte de la vía pública,
logrando incluso dotar de una aparente ingravidez al resto de plantas del edificio.
Su potente imagen corporativa también dice mucho. Por ello no la han cambiado en más
de treinta años.

Volviendo al Rabal de Hellín, nos encontramos con este rótulo, en esquina
y sobre marquesina, de una conocida marca de relojes. Las marcas comerciales
también son un potente reclamo para los posibles compradores que van
buscando artículos concretos y a menudo suelen prestigiar los establecimientos
que pueden disponer de ellas.


Pero también hay otra clase de establecimientos que, ofreciendo artículos de primera necesidad, no renuncian a la opción de ofrecer una imagen de marca actualizada y singular, alejada de los modelos tradicionalmente asociados a su tipología. Un ejemplo paradigmático lo constituyen las farmacias.

Esta farmacia localizada en la calle Mayor de Albacete, nos muestra orgullosa
su cartelería racionalista, dispuesta sobre un ingreso centralizado con dos pequeños
escaparates curvos que perforan un aplacado mármoreo dispuesto en bandas
horizontales.

Farmacia en Villarrobledo (Albacete), que combina el metal sobre el fondo pétreo
de la serpentina verde. La Copa de Higía característica en la simbología
farmacéutica sostiene , con sus estilizadas formas, el rótulo sobre
el que se dispone una marquesina, también metálica,
que integra la iluminación.


Y ya para terminar, vamos a mostrar unas imágenes relativas a otro tipo de comercios diferentes, en este caso más sencillos, pero igualmente dignos de reseña.

Papelería Eutimio. Calle López Torregrosa, 11. Alicante. A pesar de que el
escaparate no tiene especial interés, su rotunda imagen de marca es suficientemente
reconocible y un referente en el comercio local.

Autoescuela Séneca. Calle Cruz Conde, 24. Córdoba. De nuevo
nos hallamos ante un rótulo comercial llamativo, especialmente
en horas nocturnas cuando está en funcionamiento. Situado
en una de las principales arterias de la ciudad, debe competir
con otros muchos luminosos que reclaman su cuota de protagonismo.

En esta fotografía y en la siguiente se encuentran dos establecimientos
que han tenido que adaptar su uso a los tiempos y acabar vendiendo
prácticamente de todo, ajustando su oferta a la demanda de sus posibles
clientes.

Ambos se encuentran en la principal calle de Sigüenza (Guadalajara), pequeña
ciudad que por un lado debe dar respuesta a su "parroquia" habitual y por
otro a los grupos de turistas que la recorren a diario. Domenech Regalos
es especialmente destacable por su rótulo luminoso, quizá de los años 70
del siglo XX.


Por último, finalizo con un anuncio de hace casi treinta años de una de los principales establecimientos yeclanos dedicados a la moda, actualmente desaparecido, dividida su superficie y ocupada en la actualidad por varias franquicias de ropa. La Giralda fue uno de los grandes del comercio yeclano, junto con Tejidos Selectos, Polo, Promovestir, Nazario o Galerías Yecla, éstos tres últimos también cerrados.

La Giralda, a pesar de modernizar sus instalaciones en repetidas ocasiones
y cuidar al máximo sus escaparates y expositores, siempre mantuvo su imagen
corporativa: la característica fuente de su rótulo corporativo, el color verde y
el dibujo de la torre almohade-renacentista sevillana. El anuncio está sacado
del programa de Fiestas de la Virgen de 1986.

Hasta aquí nuestro repaso por el tradicional, popular, castizo o incluso "retro" (como queráis llamarlo) comercio de los setenta. Hasta la próxima.