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viernes, 2 de mayo de 2014

Castillo Palacio de La Calahorra.


El castillo-palacio de La Calahorra, situado en la provincia de Granada, fue mandado construir por el Marqués de Zenete, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza y proyectado por Lorenzo Vázquez (1509), que ya había trabajado al parecer para dicha familia en sendos palacios situados en Guadalajara. El palacio, de planta cuadrangular y situado sobre una colina, presenta un aspecto fortificado de gran sobriedad al exterior con torres de planta circular en sus vértices, mientras que al interior se produce un amplio despliegue de formas decorativas en los salones y especialmente en el patio central, de planta cuadrada y cinco arcadas por frente o panda, de medio punto las inferiores y sensiblemente rebajadas las superiores apeando sobre columnas a la manera corintia en ambos casos. Las columnas de la galería alta apoyan sobre pedestales separados por una balaustrada de mármol de Carrara, y la decoración se realiza fundamentalmente mediante la representación de las armas familiares.


Vista áerea del edificio. Extraída del blog "Viajeros en Granada"
 
 
Aspecto exterior del castillo-palacio con sus torres de planta circular protegiendo las esquinas.


Castillo-Palacio. En primer término, el pueblo de La Calahorra (Granada).

En este palacio se conjugan las dos caras que el noble del Renacimiento quería mostrar: por un lado, el hecho de que el palacio estuviera fortificado mostraba la superioridad y poder militar que detentaba el señor respecto a los vasallos de los tierras donde ejercía su jurisdicción (si bien en el reinado de los Reyes Católicos se tendió a reducir el poder territorial de la nobleza a favor de la monarquía), y, por otra parte, se explotaba la vertiente culta de los señores, que adoptaban en sus residencias formas y usos clásicos, importados desde Italia, desde donde no sólo traían las ideas, sino, como en este caso, incluso muchos materiales ya elaborados y hasta los propios artistas: el Marqués de Zenete sustituyó a Lorenzo Vázquez y colocó al frente de la dirección de la obra al genovés Michele Carlone, dirigiendo a un nutrido grupo de maestros lombardos y genoveses que acabaron la obra en el breve espacio temporal de tres años, lo que explica su aspecto relativamente unitario.

Patio principal con el brocal del pozo.

Cortile.

Galería alta desde la escalera.
Esta tendencia había comenzado años antes con los palacios urbanos que los propios Mendoza habían promovido en Guadalajara, donde dejaban al margen su carácter militar para centrarse en una función social y representativa como un vehículo diferente para mostrar su poder y riqueza. Un caso similar se puede encontrar en el palacio de la cercana localidad almeriense de Vélez Blanco, atribuido a Francisco Florentín, del que también se conocen trabajos en las catedrales de Murcia y Granada, y promovido por el primer Marqués de Los Vélez.

Patio del Castillo-Palacio de Vélez Blanco (Almería), actualmente en el
Museo Metropolitano de Nueva York. Foto de Wikipedia.
 Hasta la próxima.

domingo, 13 de octubre de 2013

Catedral de Murcia.

Santa Iglesia Catedral de Santa María.

Plaza de Belluga y Catedral.


     1. Iglesia Catedral.
      2. Capilla de los Vélez.
      3. Palacio Episcopal.
      4. Portada de las Cadenas.
      5. Imafronte barroco.
      6. Seminario Mayor de San Fulgencio (hoy Escuela Superior de Arte Dramático y Danza).
      7-8. Colegio de Teólogos de San Isidoro (actualmente Instituto Licenciado Cascales).
      9.    San Juan de Dios. (Capilla del antiguo Hospital).
      10.  Casa Consistorial.
      11.  Río Segura.


      
La Santa Iglesia Catedral de Santa María, en Murcia, cabeza de la Diócesis de Cartagena es, básicamente, una fábrica de traza gótica con diversos añadidos de diversa consideración levantados de forma paralela a épocas de bonanza del antiguo Reino de Murcia, en los siglos XVI y XVIII.

Planta de la Catedral. Artehistoria.jcyl.

La planta de la catedral responde a un esquema de cruz latina, con tres naves (de mayor amplitud la central, que alberga el coro en los tres primeros tramos más cercanos al crucero) y capillas alojadas entre los contrafuertes. La nave crucera, de similar alzado a la nave principal, da paso a un profundo presbiterio rodeado por una girola a la que se abren capillas pareadas, repitiendo una solución similar a la de la Catedral de Valencia, aunque resuelta aquí con mayor modestia. Y es que la modestia es la principal característica de la fábrica gótica de la catedral cartaginense. De reducido alzado, responde a soluciones típicas del gótico mediterráneo, en la que se prima el macizo respecto al vano y la amplitud en lugar de la esbeltez.

Nave lateral hacia el crucero. A la derecha las capillitas del coro.

Del periodo gótico nos queda una única puerta, la situada al sur y conocida como de los Apóstoles. Abocinada y enmarcada por una serie de arquivoltas que albergan figuras de bulto redondo representando, de izquierda a derecha, a los apóstoles Andrés, Pablo, Pedro y Santiago bajo doseletes calados. En el arco, ángeles músicos y Reyes de Judá. Rematada por un arco conopial decorado con cardinas y enmarcado por tracerías góticas a modo de alfiz y crestería. El conjunto está coronado por un rosetón calado que permite la iluminación de la nave crucera. Fue trazada por Diego Sánchez de Almazán y terminada hacia 1443. Es una obra algo arcaizante, pues reinterpreta esquemas precedentes utilizados en la puerta homónima de la Catedral de Valencia o en las parroquiales de Requena.

Portada gótica lateral de los Apóstoles. (s. XV).

Aunque las capillas que orlan los muros laterales del coro son un interesante muestrario de escultura gótica (también otras añadidas en el siglo XVII), el último aliento del gótico (ya muy tardío) vendría de la mano del primer añadido a la fábrica original del templo: La Capilla de los Vélez.

Con ella se inicia la serie de fabulosos elementos anexos a la Catedral primigenia que, en ocasiones, son verdaderos edificios independientes, razón que ha llevado a Miguel Sobrino en su reciente libro “Catedrales” a definirla como “Catedral arrecife”. Y es que la Capilla de los Vélez, patrocinada por el adelantado del Reino de Murcia D. Juan Chacón y continuada por su hijo Pedro Fajardo, y emparentada con las del Condestable en Burgos y la de Álvaro de Luna en Toledo, es una magnífica muestra del gótico isabelino comenzada en 1490 (incluso incorpora elementos del manuelino portugués) lo que se refleja en su abigarrada, profusa y seriada decoración de corte naturalista que tapiza todos los paramentos arquitectónicos y en su ambicioso programa iconográfico, por desgracia incompleto. De planta poligonal generada por un semihexágono y un semidecágono, el espacio funerario se cubre con una espectacular bóveda estrellada de diez puntas que nos da la fecha de su finalización: 1507.

Interior Capilla de los Vélez. Siglos XV-XVI.
Detalle de los arcosolios funerarios y lienzo de San Lucas.

El exterior se divide en tramos divididos por pilastras entre las que se sitúan salvajes con escudos, estando todo el volumen rodeado por una cadena esculpida en piedra.

Capilla de los Vélez. Exterior. Se aprecia la cadena pétrea
que la ciñe.

El Renacimiento irrumpe en el templo murciano con la construcción de la Puerta de las Cadenas. Se prolonga la nave crucera en una tramo más hacia el norte, con el fin de dar acceso a la claustra desde el interior de la nave.

Portada lateral de las Cadenas (s. XVI) desde la popularmente
conocida como Plaza de la Cruz.

Para ello se tiene que demoler la primitiva torre y la puerta gótica que había en este lugar. La puerta de las Cadenas, de tracista desconocido hasta la fecha, abocinada para absorber el grosor del hastial del transepto, es un híbrido entre las nuevas corrientes decorativas y la construcción heredera del periodo gótico. A destacar los bustos de San Pedro y San Pablo en las enjutas como guardianes de la Iglesia. En 1783 fue reformada con la adición de los plafones con las efigies de los santos cartageneros Isidoro, Leandro y Fulgencio, además del relieve de la Virgen de la Leche en el ático y la cruz que corona todo el conjunto.

Ático de la Puerta de las Cadenas y torre campanario.

En estos años se comienza la construcción de uno de los elementos más característicos de la Catedral: La torre. Consta de tres cuerpos en altura, más un cuarto que aloja las campanas y, finalmente, la torrecilla que remata el conjunto. Fue construida entre los siglos XVI y XVIII, con un largo periodo de interrupción intermedio y según las trazas de varios maestros. Hacia 1520 se comienza con las trazas del primer cuerpo, a cargo de dos maestros florentinos, Francisco (fallecido en 1522) y Jacobo Florentín (fallecido cuatro años más tarde). En los testeros de la torre se aplica un programa que podría definirse como una representación o interpretación de “arcos de triunfo” aplicados a fachadas: a un hueco geminado central, avanzando en ménsulas y rematado por un entablamento, le acompañan pares de pilastras corintias con decoración “a candelieri” que albergan hornacinas. Todo ello siguiendo el esquema clásico: basamento, columna (pilastra), entablamento.

Ventana geminada en el primer cuerpo de la torre (s. XVI).

Pilastras pareadas corintias en una de las esquinas de la torre.

El segundo cuerpo, que se finalizará hacia 1545, ya es obra del maestro montañés Jerónimo Quijano y, repitiendo el mismo esquema, goza de una decoración más severa primando los aspectos constructivos frente a los estéticos.

Ventana del segundo cuerpo: Detalle.

La torre está construida a la manera de la tradición hispanomusulmana, y que podemos apreciar en famosos alminares como La Giralda de Sevilla. El muro exterior es sólo una envoltura, y está separado de la verdadera alma de la torre por una serie de cómodas rampas que permiten el acceso y cosen ambas construcciones haciendo que trabajen solidariamente y permitiendo ganar seguridad y altura. La planta baja de esa “alma de la torre” guarda la sacristía del templo, de planta cuadrada y cubierta por una bóveda baída, construída en piedra (una de las primeras de su estilo realizadas en Europa), gallonada y orlada por sendas representaciones de hojas y frutos. Para acceder desde el templo catedralicio, hay que pasar en primer lugar por la Antesacristía (cubierta por una bóveda de original estereotomía dispuesta en espiral), cuyo ingreso lo marca, desde la girola, un espectacular ingreso en arco de triunfo, debido al maestro Quijano, representando pasajes que van desde la mitología pagana hasta las virtudes teologales.


En estos años, el maestro Quijano dejó importantes obras en la Catedral hasta su muerte en 1562. Una de las primeras capillas debidas a su autoría es la de la Encarnación, destinada a acoger el sepulcro del jurista Jacobo de las Leyes. De planta triangular, enfrenta la urna sepulcral con un pequeño retablo que aloja en una hornacina resulta con venera, las imágenes pétreas del misterio de la Anunciación. También de la época datan interesantes piezas como la Pila Bautismal, similar a la de Santiago en Villena y atribuida al Maestro Florentino.


Pila bautismal.


No obstante, la obra más conocida de Quijano quizá sea la capilla funeraria de D. Gil Rodríguez de Junterón (popularmente conocida como “de Junterones”).

Capilla de Gil Rodríguez de Junterón (s. XVI). Acceso.

Se accede desde la nave de la Epístola, a través de un monumental acceso de orden jónico, y consta de una antecapilla y de la capilla propiamente dicha. La primera se cubre con bóveda semiesférica, perforada por óculos y apeada sobre pechinas. La capilla, que aloja un fabuloso relieve marmóreo de la Adoración de los Pastores, se cubre con una original bóveda de cañón, aunque de directriz curva, de abigarrada decoración y perforada por una linterna. Los paramentos de la capilla están divididos por columnas adosadas que alojan imágenes de profetas y sibilas.

Capilla de Junterones. Bóveda solar.

Capilla de Junterones. Relieve marmóreo de la Anunciación a
los pastores.


Capilla de Gil Rodríguez de Junterón (s. XVI). Exterior.

El siglo XVIII daría nuevos bríos para la continuación de los trabajos, que se centrarían en dos frentes principales: fachada y torre. La fachada principal del templo, situada a los pies, es obra proyectada y dirigida por Jaime Bort Miliá, y terminada en 1752. Sustituye a otra fachada renacentista del siglo XVI, obra del maestro Quijano, pero desplomada y muy debilitada por las continuas crecidas del Segura, la deficiente calidad del terreno y los movimientos sísmicos. El nuevo imafronte contó con la colaboración del ingeniero Sebastián Feringán para las labores de cimentación y está dividido en dos cuerpos, a pesar de haber sido proyectado en tres como suele ser habitual.


La imagen más reconocible del templo es la de su imafronte (s. XVIII), desde
la Plaza Cardenal Belluga.

Verticalmente, tres grandes exedras (de mayor amplitud y dignidad la central) organizan el espacio y dan lugar, de izquierda a derecha, a las puertas de San Juan, del Perdón y de San José.

Exedra central con la Puerta del Perdón.

Puerta de San Juan.

El imafronte catedralicio realmente es como un edificio autónomo adosado a los pies del templo, y a la vez la carta de presentación y la mejor publicidad para éste. Para su ejecución fue preciso demoler los dos primeros tramos de las naves del templo, que se convirtieron en uno solo, más amplio y coronados, en la nave central, por una bóveda de media naranja sobre pechinas.

Al exterior, una planta movida, en la que se suceden los espacios cóncavos y convexos divididos por columnas de fuste estriado, entablamentos y balaustradas, organiza un programa iconográfico pleno de efectos teatrales y que pretende y consigue ser un resumen del movimiento contrarreformista emergido de Trento y de la historia de la Diócesis. Así, desde el basamento, donde están representados los Apóstoles como base de la doctrina católica, junto con los Padres de la Iglesia a ambos lados de la puerta principal, con Pedro y Pablo en cada una de las torrecillas laterales, de nuevo como protectores de la Iglesia, se suceden, en la exedra central, pasajes de la vida de la Virgen, estando situada sobre la puerta del Perdón la titular del templo, la Virgen de las Gracias, rodeada de ángeles y arcángeles, pasando por los misterios de la Anunciación y la Inmaculada Concepción, con los padres de la Virgen a ambos lados, hasta llegar a la Asunción, representada en la bóveda de cuarto de esfera que corona esta calle central. A ambos lados de esta calle central se sitúan, entre las columnas, los cuatro Santos cartageneros, Isidoro, Leandro, Fulgencio y Florentina, amén de otros con especial vinculación con la diócesis, como Fernando III el Santo y San Hermenegildo. Aparece también la Cruz de Caravaca y el jarrón de azucenas mariano rematando el conjunto. La fachada estuvo coronada hasta 1803 por una imagen del Apóstol Santiago como fundador histórico de la diócesis.

Imafronte. Calle central con diversos pasajes de la vida de la Virgen
y de los santos de la diócesis.

Después de finalizarse el imafronte, se prosiguió la construcción de la torre según los proyectos de José López y Juan de Gea, estando los trabajos dirigidos por el primero. 

Torre (ss. XVI-XVIII): Segundo, tercer cuerpo (o del reloj) y
cuerpo de campanas.
El cuerpo de campanas está rodeado por cuatro capillas conjuratorias rematadas, de nuevo, por las imágenes de los cuatro santos cartageneros. La subida al mismo se efectua mediante un husillo central que deja libre la sala inmediatamente inferior. En 1793, y bajo la dirección de Pedro Gilabert, se remató la torre según planos de Ventura Rodríguez, que proyectó una torrecilla octogonal rematada por un cupulín perforado por otros tantos óculos.

Vista lateral del cuerpo de campanas y chapitel de uno de los
conjuratorios.

Las últimas intervenciones en la Catedral tuvieron lugar a partir de 1854. En dicho año, el edificio sufrió un incendio que acabó con el retablo mayor renacentista, con la sillería del coro y el órgano, aunque no con las rejerías de Antón de Viveros, que todavía siguen en el lugar que fueron colocadas hace cinco siglos.

El retablo mayor actual, neogótico, es una obra discreta debida a Mariano Pescador y Antonio Palao, cuya titular es la Virgen de la Paz. El coro está compuesto por una sobresaliente sillería renacentista procedente del desamortizado convento madrileño de San Martín de Valdeiglesias, cedido por Isabel II, mientras que el órgano (dispuesto a la manera inglesa, en la dirección de la nave y no perpendicular a ésta), es un magnífico ejemplar de mediados del XIX, construido en París por Joseph Merklin.

Rejería gótica en primer término. Coro renacentista y órgano neogoticista.

El trascoro forma una de las primeras capillas dedicadas al Misterio de la Inmaculada en España, de estilo barroco y levantada en el siglo XVII.

Trascoro. Retablo de la Inmaculada (s. XVII).

Finalmente, el museo catedralicio, situado en parte de la claustra gótica, sala capitular y dependencias anexas, nos muestra un recorrido por la evolución del edificio y de la Diócesis a través de los siglos, incluyendo un completo muestrario de la obra de los principales artistas que trabajaron para ella y en su zona de influencia.

Retablo de Santa Lucía (Bernabé de Módena, s. XV).

Virgen de la Leche con el Niño Jesús y San Juanito.
(Francisco Salzillo, s. XVIII)
Hasta aquí el recorrido por la sede cartaginense. Hasta la próxima.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Comercio "moderno"

Comercio "moderno". Y como podéis leer va entrecomillado. La razón es simple: fue moderno en su día, pero ahora ya puede calificarse de un elemento etnológico más de nuestros pueblos y ciudades. Aquel comercio nacido al amparo de los años de desarrollismo de nuestro país, hace más de cuatro décadas, subsiste hoy, en algunos casos, conservando todavía aquella imagen con la que surgió, a pesar de parecernos más propia de los decorados de series de televisión como "Cuéntame como pasó" que de la segunda década del siglo XXI. A poco que observemos, podremos encontrarnos con buen número de comercios que han sobrevivido a periodos cíclicos de bonanza económica y crisis, a aperturas de centros comerciales en las afueras, a peatonalizaciones, a jubilaciones de sus propietarios, a traspasos o a cambios en los usos y costumbres del consumidor entre otras muchas vicisitudes. En las siguientes fotografías me gustaría mostrar una breve muestra de ellos, que no pretende ser exhaustiva, pero sí representativa de una estética y de un lenguaje publicitario expresado a través de formas geométricas, tipografías y materiales concretos en una época en la que la realmente empezó a emplearse la imagen como verdadero reclamo.

Normalmente son las tiendas de moda las que intentan crear tendencia, sabiendo que una imagen llamativa o rompedora puede ser la mejor arma para captar la atención del posible comprador.


Calzados Solny. Calle Mayor, 1. Palencia. Noviembre 2010.
A pesar de su estado actual se puede advertir una cierta preocupación geométrica
en la ordenación de huecos y publicidad, integrando luminarias empotradas y utilizando
la puerta de acceso como segundo escaparate, buscando comunicar el interior
del establecimiento con la vía pública.


Borreguero. Rambla Méndez Núñez, 10. Alicante. Octubre 2010.
En los años 60 y 70 las mejores tiendas de la ciudad se ubicaban en esta
vía. Borreguero es la última de ellas. A destacar la calidad de los materiales
empleados: piedra, maderas bien trabajadas, aluminio, vidrios y una potente
marquesina que se prolonga sobre la acera y permite contemplar bien protegido
 un escaparate envolvente. La iluminación también está bien estudiada.

La Virgen de los Dolores. Mercería ubicada en la calle Santa Florentina 15 (Cartagena).
Más modesta que la anterior, de esta tienda podemos destacar la tipografía de su rótulo
y su escaparate lineal, con gran superficie de exposición. 

Eva Boutique. Calle Antonio López del Oro, Hellín (Albacete).
En este caso es el rótulo publicitario el que capta nuestra atención,
así como el empleo de la palabra "boutique". 

Confecciones Ochando se ubicaba en la calle del Rabal, 6, de Hellín (Albacete).
A pesar de ser una tienda de las de "toda la vida", en la que toda la familia podía salir
equipada para vestir en cualquier ocasión y acontecimiento, la composición en franjas
horizontales de su fachada y el empleo del aluminio y el vidrio como su seña de identidad
no deja lugar a dudas acerca de su adscripción al segundo movimiento moderno que
se desarrolló en España a partir de 1960. El estilo tipográfico de su marca comercial también
es digno de mención.

Un ejemplo parecido, aunque más modesto, es éste de Tejidos Mayjo en
Miguel Fluiters, 22 (Guadalajara). De nuevo aparecen los aplacados de mármol
siempre en colores oscuros y el vidrio sin perfilería en los escaparates.  En
este caso el establecimiento integra también el entresuelo del edificio, algo
que era bastante habitual para separar las secciones por plantas al modo
de los grandes almacenes comerciales.

En ocasiones, el rótulo luminoso del establecimiento contribuye a "hacer ciudad"
y se convierte en un elemento más que reconocible del paisaje urbano. Un ejemplo
muy característico al respecto lo encontramos en esta tienda de calzado para niños
ubicada en la Plaza de Camachos, 12 (Murcia).


Ópticas, joyerías y relojerías, como complementos de moda, también tienen mucho que decir en el campo de la imagen comercial. Y no es de extrañar, puesto que en ellas se suelen vender objetos frecuentemente asociados con el interés por mostrar cierto "status" social. Esta cuestión que hoy día puede parecernos tan banal, quizá no lo era tanto hace unas cuantas décadas.

Joyería Óptica Germán. San Torcuato, 17. Zamora. Ubicada en la calle comercial
más importante del centro de Zamora, esta óptica-joyería vuelve a emplear recursos
modernos, quizá inspirados en otros modelos y dispuestos aquí
sin lograr crear un conjunto del todo coherente.

Gran Óptica. Murcia, Avenida de la Libertad. Uno de los principales valores de
este local es su situación en esquina, que permite una gran superficie expositiva,
en este caso muy bien aprovechada: el interior parece formar parte de la vía pública,
logrando incluso dotar de una aparente ingravidez al resto de plantas del edificio.
Su potente imagen corporativa también dice mucho. Por ello no la han cambiado en más
de treinta años.

Volviendo al Rabal de Hellín, nos encontramos con este rótulo, en esquina
y sobre marquesina, de una conocida marca de relojes. Las marcas comerciales
también son un potente reclamo para los posibles compradores que van
buscando artículos concretos y a menudo suelen prestigiar los establecimientos
que pueden disponer de ellas.


Pero también hay otra clase de establecimientos que, ofreciendo artículos de primera necesidad, no renuncian a la opción de ofrecer una imagen de marca actualizada y singular, alejada de los modelos tradicionalmente asociados a su tipología. Un ejemplo paradigmático lo constituyen las farmacias.

Esta farmacia localizada en la calle Mayor de Albacete, nos muestra orgullosa
su cartelería racionalista, dispuesta sobre un ingreso centralizado con dos pequeños
escaparates curvos que perforan un aplacado mármoreo dispuesto en bandas
horizontales.

Farmacia en Villarrobledo (Albacete), que combina el metal sobre el fondo pétreo
de la serpentina verde. La Copa de Higía característica en la simbología
farmacéutica sostiene , con sus estilizadas formas, el rótulo sobre
el que se dispone una marquesina, también metálica,
que integra la iluminación.


Y ya para terminar, vamos a mostrar unas imágenes relativas a otro tipo de comercios diferentes, en este caso más sencillos, pero igualmente dignos de reseña.

Papelería Eutimio. Calle López Torregrosa, 11. Alicante. A pesar de que el
escaparate no tiene especial interés, su rotunda imagen de marca es suficientemente
reconocible y un referente en el comercio local.

Autoescuela Séneca. Calle Cruz Conde, 24. Córdoba. De nuevo
nos hallamos ante un rótulo comercial llamativo, especialmente
en horas nocturnas cuando está en funcionamiento. Situado
en una de las principales arterias de la ciudad, debe competir
con otros muchos luminosos que reclaman su cuota de protagonismo.

En esta fotografía y en la siguiente se encuentran dos establecimientos
que han tenido que adaptar su uso a los tiempos y acabar vendiendo
prácticamente de todo, ajustando su oferta a la demanda de sus posibles
clientes.

Ambos se encuentran en la principal calle de Sigüenza (Guadalajara), pequeña
ciudad que por un lado debe dar respuesta a su "parroquia" habitual y por
otro a los grupos de turistas que la recorren a diario. Domenech Regalos
es especialmente destacable por su rótulo luminoso, quizá de los años 70
del siglo XX.


Por último, finalizo con un anuncio de hace casi treinta años de una de los principales establecimientos yeclanos dedicados a la moda, actualmente desaparecido, dividida su superficie y ocupada en la actualidad por varias franquicias de ropa. La Giralda fue uno de los grandes del comercio yeclano, junto con Tejidos Selectos, Polo, Promovestir, Nazario o Galerías Yecla, éstos tres últimos también cerrados.

La Giralda, a pesar de modernizar sus instalaciones en repetidas ocasiones
y cuidar al máximo sus escaparates y expositores, siempre mantuvo su imagen
corporativa: la característica fuente de su rótulo corporativo, el color verde y
el dibujo de la torre almohade-renacentista sevillana. El anuncio está sacado
del programa de Fiestas de la Virgen de 1986.

Hasta aquí nuestro repaso por el tradicional, popular, castizo o incluso "retro" (como queráis llamarlo) comercio de los setenta. Hasta la próxima.