viernes, 2 de mayo de 2014

Castillo Palacio de La Calahorra.


El castillo-palacio de La Calahorra, situado en la provincia de Granada, fue mandado construir por el Marqués de Zenete, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza y proyectado por Lorenzo Vázquez (1509), que ya había trabajado al parecer para dicha familia en sendos palacios situados en Guadalajara. El palacio, de planta cuadrangular y situado sobre una colina, presenta un aspecto fortificado de gran sobriedad al exterior con torres de planta circular en sus vértices, mientras que al interior se produce un amplio despliegue de formas decorativas en los salones y especialmente en el patio central, de planta cuadrada y cinco arcadas por frente o panda, de medio punto las inferiores y sensiblemente rebajadas las superiores apeando sobre columnas a la manera corintia en ambos casos. Las columnas de la galería alta apoyan sobre pedestales separados por una balaustrada de mármol de Carrara, y la decoración se realiza fundamentalmente mediante la representación de las armas familiares.


Vista áerea del edificio. Extraída del blog "Viajeros en Granada"
 
 
Aspecto exterior del castillo-palacio con sus torres de planta circular protegiendo las esquinas.


Castillo-Palacio. En primer término, el pueblo de La Calahorra (Granada).

En este palacio se conjugan las dos caras que el noble del Renacimiento quería mostrar: por un lado, el hecho de que el palacio estuviera fortificado mostraba la superioridad y poder militar que detentaba el señor respecto a los vasallos de los tierras donde ejercía su jurisdicción (si bien en el reinado de los Reyes Católicos se tendió a reducir el poder territorial de la nobleza a favor de la monarquía), y, por otra parte, se explotaba la vertiente culta de los señores, que adoptaban en sus residencias formas y usos clásicos, importados desde Italia, desde donde no sólo traían las ideas, sino, como en este caso, incluso muchos materiales ya elaborados y hasta los propios artistas: el Marqués de Zenete sustituyó a Lorenzo Vázquez y colocó al frente de la dirección de la obra al genovés Michele Carlone, dirigiendo a un nutrido grupo de maestros lombardos y genoveses que acabaron la obra en el breve espacio temporal de tres años, lo que explica su aspecto relativamente unitario.

Patio principal con el brocal del pozo.

Cortile.

Galería alta desde la escalera.
Esta tendencia había comenzado años antes con los palacios urbanos que los propios Mendoza habían promovido en Guadalajara, donde dejaban al margen su carácter militar para centrarse en una función social y representativa como un vehículo diferente para mostrar su poder y riqueza. Un caso similar se puede encontrar en el palacio de la cercana localidad almeriense de Vélez Blanco, atribuido a Francisco Florentín, del que también se conocen trabajos en las catedrales de Murcia y Granada, y promovido por el primer Marqués de Los Vélez.

Patio del Castillo-Palacio de Vélez Blanco (Almería), actualmente en el
Museo Metropolitano de Nueva York. Foto de Wikipedia.
 Hasta la próxima.

sábado, 8 de febrero de 2014

Racionalismo valenciano.

Qué gusto da tener un fin de semana tranquilo después de unas semanas de ajetreo. Tengo abandonado el blog, y la inspiración me tiene abandonado a mí también, aunque hace días que venía dándole vueltas a la idea de escribir un pequeño artículo, cómo no, acerca de Arquitectura y, cómo no, de nuevo, racionalista.

Edificio González-Senabre.
 Calle San Vicente, 63.
 Arqs.: José Luis Téstor yCayetano Borso di Carminati, 1935.


En Valencia pasé unos de los mejores años de mi corta vida mientras estudiaba la "maravillosa" carrera de Arquitectura Técnica, titulación que han cambiado tantas veces de nombre que a fecha de hoy ni siquiera sé cómo se llama ni me preocupa. De aquellas fechas recuerdo sobre todo los paseos (o pateos) que me pegaba muchas tardes en los que iba siempre mirando hacia arriba, aún a riesgo de chocarme contra alguna farola o naranjo borde. Suerte (o no) que me pilló antes de la era digital de la fotografía.

Edificio Pascual-Montesinos.
 Calle Burriana, 26-28.
 Arq.: Miguel Martínez Ortega, 1935.


Y allí fue donde descubrí también la arquitectura racionalista, si que es puede llamarse así a los lenguajes empleados en los edificios construidos en la España de los años 30, tan diferente como para muchas otras cosas, de la Europa de su tiempo. Efectivamente, porque mientras en Europa se experimentaba, se teorizaba y se desarrollaban nuevas soluciones, en nuestra "piel de toro" (arriba los tópicos) nos limitábamos a copiar ("Que inventen ellos") lo que veíamos en las revistas especializadas escritas en inglés y alemán, principalmente, en las que los más de nuestros arquitectos sólo alcanzarían a admirar las bonitas ilustraciones en blanco y negro de las geométricas fachadas de tersas superficies y rotundos volúmenes. Está claro que hubo honrosas excepciones, y que jovencísimos arquitectos recién titulados, que habrían tenido no pocos intercambios de pareceres con sus venerables profesores, se lanzaron por un camino más difícil, pero comprometido con sus ideas y una nueva mentalidad racional e higienista, pero que en pocas ocasiones contaría con los apoyos de la Administración o las élites económicas, más preocupadas todavía por incorporar pilastras, molduras y balaustradas a las fachadas que por racionalizar el uso de la planta y utilizar eficazmente luces y ventilaciones.

Edificio Mas.
Calle Ribera.
 Arq.: Manuel Cervera, 1936-1940.

Si para el resto de España podemos hablar de arquitectos como Sert, García Mercadal (con importantes contactos que propiciaron la organización de congresos y ponencias que permitieron que arquitectos como Le Corbusier impartiesen conferencias en nuestro país) o Gutiérrez Soto (prolífico arquitecto de gran éxito, muy adaptativo y que prefirió mantenerse al margen del exclusivista GATEPAC), en Valencia serán profesionales como Luis Albert, Ricardo Roso o Enrique Pecourt los que desarrollen la arquitectura más innovadora, además de otros eminentes arquitectos entre los que podríamos destacar a Cayetano Borso di Carminati, Miguel Martínez, José Luis Téstor o Vicente Valls, a los que se unen otros que habían comenzado a trabajar el eclecticismo en sus más variadas acepciones, en Valencia mostradas bajo el filtro casticista-regionalista, como podría ser el caso del influyente Javier Goerlich (de extensa obra y autor de las principales operaciones de reforma interior) o Enrique Viedma (que bascula entre el edificio para La Unión y el Fénix y la llamada "Finca Roja").

Edificio Martí Alegre.
Plaza Cánovas del Castillo, 12.
 Arqs.: Javier Goerlich y Juan Bta. Carles, 1934.

Finca Roja.
Calles Jesús, Marvá, Maluquer, Alberique.
 Arq.: Enrique Viedma, 1930-1933.

Edificio Carbajosa, 1929-1931.
Calle Xàtiva c/v Ribera.
 Este edificio, una de las primeras obras
de Luis Albert, todavía incorpora paneles decorativos en la línea del
art-decó en las curvadas aristas del chaflán.

Valencia había explotado económica y demográficamente a principios del siglo XX. Su potencial agrario y la vocación exportadora de su burguesía había propiciado que ya en el primer tercio del siglo su puerto fuera el primero de España por volumen de exportaciones. La ciudad aumentó su censo en 200.000 habitantes entre 1920 y 1940, llegando a tener 450.000 al final del periodo. A partir de 1928 se llevaron a la práctica en el corazón de la urbe algunas de las reformas urbanas propuestas en 1911 por Federico Aymamí, materializadas al fin por la corporación encabezada por el Marqués de Sotelo y dirigidas por el arquitecto Javier Goerlich: ensanche de la Bajada de San Francisco-Plaza del Ayuntamiento, aperturas de las vías de María Cristina y Periodista Azzati y ensanche de otras, como San Vicente, Ribera o Paseo de Ruzafa. Aquí se localizarán nuevos edificios que doblarán o triplicarán en volumetría a los preexistentes: el uso del hormigón y el ascensor lo hacen posible. Al principio estas nuevas construcciones se cubrirán de toda suerte de elementos inútiles por innecesarios, puramente decorativos: pilastras, capiteles, frontones... para ir dejando paso, de forma progresiva, a la limpieza en los volúmenes y la ordenación estricta de huecos que imponía el nuevo lenguaje racionalista, en el que cada elemento cumple de forma clara el papel que le corresponde, que para eso ya había manifestado Loos, años antes y visiblemente airado, que el ornamento es poco menos que un delito.

Edificio Martí-Alegre (Hotel Londres).
Plaza Ayuntamiento-Barcelonina.
Arq.: Javier Goerlich, 1934-1935.

Edificio Roca.
Calle San Vicente, 34.
Arq.: Vicente Valls Gadea, 1934.

Teatro-Cine Rialto.
Plaza del Ayuntamiento, 17.
Arq.: Cayetano Borso di Caminati, 1931.

Edificio Dasí.
Av. María Cristina, 5.
Arq.: Cayetano Borso de Carminati, 1935.

También en el ensanche (ampliado a partir de 1925 entre la Gran Vía Marqués del Turia y el Camí de Tránsits, hoy Avinguda Peris i Valero, según las trazas de Francisco Mora) se suceden las nuevas construcciones. La legislación ayuda a ello, y, si bien durante la dictadura de Primo de Rivera son las medidas liberalizadoras en materia de suelo y la transferencia de las competencias urbanísticas a los Ayuntamientos las que aceleran las reformas, más adelante será la "Ley de Casas Económicas", que permite la creación de grupos de viviendas como la Finca Roja, ya nombrada, los grupos para Prensa y Artes Gráficas en el Paseo al Mar o la Cooperativa para Agentes Comerciales en la Gran Vía Germanías. Todo ello para acabar, en 1935, con la promulgación de la llamada "Ley Salmón", que incluía exenciones fiscales para la construcción de viviendas de determinadas características a la vez que se imponía como medida para paliar el elevado paro obrero. Todo esto provocó una febril actividad edificatoria: a modo de ejemplo, entre 1931 y 1936 se conceden hasta 1700 licencias de nueva construcción.

Edificio y fábrica Buch.
Calle Quart, 114.
Arq.:  Luis Albert, 1935.

Edificio Peset-Llorca.
Calle Cirilo Amorós, 88-90.
Arq.: Mariano Peset, 1935-37.

Edificio Pascual.
Calle Císcar, 21.
Arq.: Miguel Martínez Ortega, 1936.

Estas edificaciones, entre medianeras en su mayor parte, responden a unas características más o menos fijas: estricta ordenación de huecos, escasa ornamentación (reducida a la combinación de unos pocos materiales: estucos, ladrillo caravista y vidrio), volúmenes puros (con empleo de significativos chaflanes curvos, aerodinámicos, en línea con la emergente tecnología maquinista), barandas tubulares, asimetría en la composición y jerarquía/combinación de usos (comercial en planta baja, entresuelos para oficinas y plantas de vivienda). Respecto a la planta, y considerando al público al que van dirigidas, se introducirán pocas variaciones respecto a las viviendas tradicionales, y se siguen empleando los patios interiores de luces reducidas sin atender a una separación de zonas de día y de noche, cosa que en España no ocurrirá de forma masiva hasta la irrupción del segundo movimiento moderno a mediados de los cincuenta; es por todo esto que la adopción de lenguaje racionalista es más "epidérmico" que teórico. Se introduce una moda, se actualiza por imitación, pero la forma de habitar sigue siendo prácticamente la misma.

Edificio Gracia.
Calle Pintor Segrelles, 5.
Arq.: Lorenzo Criado, 1935.

Edificio Villalba.
Calle Xàtiva, 17.
Arq.: Alfonso Garín, 1935.

Y como no me quiero enrollar más por el momento, dejo paso a una serie de fotografías que nos van a llevar por varios de los edificios levantados en aquellos años, que complementan a las que han ido apareciendo a lo largo del artículo; pero lo mejor, como siempre, es una visita a la ciudad del Turia.

Edificio Alonso.
Xàtiva esq. San Vicente 71-73.
Arq.: Luis Albert, 1935.

Edificio Tortosa - Martínez Sala.
Calle Universidad 1 y 3.
Arq.: Luis Albert, 1933.

Edificio Vizcaíno.
Calle Ribera, 3.
Arq.: Cayetano Borso di Carminati, 1936.

Edificio Serratosa.
Calle Moratín, 5-7.
Arq.: Antonio Gómez Davó, 1935-1940.

Edificio de viviendas.
Calle Cirilo Amorós, 84.
Arq.: Cayetano Borso di Carminati, 1935. 

Edificio Cánovas.
Calle Navellos, 8.
Arq.: Luis Albert, 1931-1934.

Edificio de viviendas.
Calle Cirilo Amorós, 86.
Arq.: Javier Goerlich, 1935.

Edificio Palasí.
Gran Vía Fernando el Católico, 57.
Arq.: J. Vives, 1935.

Edificio de comercios y viviendas.
Calle Convento Santa Clara, 2.
Arq.: José Luis Téstor, 1931.

Edificio Llopis.
Calle San Vicente.
Arq.: Ricardo Roso, 1934-35. 

Hasta la próxima.

miércoles, 1 de enero de 2014

Una puerta se cierra... otra se abre.

Ya tenemos con nosotros el nuevo año 2014 que, como siempre sucede por las mismas fechas, viene cargado de buenos propósitos, deseos, necesidad de cambios y, sobre todo, mucho ánimo y euforia... y después... después queda en lo que queda...

Después de un 2013 un tanto extraño, al menos para mí (por no decir desastroso), decidí que era el momento idóneo para realizar un buen viaje cultural para tratar de compensar el balance. Y entre otros destinos visité León, pero, más que por ver las famosas vidrieras, por contemplar el no menos conocido programa de pinturas al fresco del Panteón Real de San Isidoro (s. XI), lugar de enterramiento de los reyes leoneses.

Interior del Panteón de los Reyes Leoneses. Real Colegiata Basílica
de San Isidoro, León. Finales s. XI. Foto de foroexbar.com.

¿Y qué tiene que ver esto con el comienzo del año? Pues bastante. El hombre medieval, cuya forma de subsistencia era principalmente agrícola, se regía por un calendario similar al nuestro pero identificando cada uno de los meses con las respectivas faenas del campo. Y, toda vez que la vida diaria estaba impregnada de un profundo sentir religioso, Cristo, además de Pantocrátor (la representación más común de la pintura románica, como Señor de toda la Creación) y Cosmocrátor (Señor del Cosmos), era también Cronocrátor o Señor del Tiempo.

Cristo en Majestad dentro de la mandorla y rodeado del Tetramorfos
(los cuatro evangelistas). En actitud de bendecir y como Señor del
Cosmos y principio y fin de todo (alfa y omega). Triple función de
Pantocrátor, Cosmocrátor y Cronocrátor. Foto de wikipedia.org.

Así es como el calendario se representa pintado al fresco en el intradós del arco que separa las bóvedas del Cristo en Majestad y del Apocalipsis según la visión de San Juan en la isla de Patmos. El que esté situado a la diestra de Cristo significa la protección a la cual se acoge todo el ciclo, que simboliza el tiempo actual y pasajero, intrascendente pero imprescindible para la propia subsistencia terrenal. El hallarse junto a la visión del Apocalipsis muestra el tiempo cósmico, como principio y final de la existencia. De esta manera es cómo el Cronocrátor es a la vez la representación de un Dios que rige los tiempos presentes y, sobre todo, el eterno.

Bóveda central del programa iconográfico donde aparece representada la
imagen anterior. El calendario queda a la izquierda del espectador, en el
intradós del arco de medio punto. Imagen de lasalle.com.

Las doce imágenes del calendario representadas en San Isidoro.
Foto de elmurrial.com.

El ciclo comienza en GENUARIUS (enero), con la figuración del dios romano Jano Bifronte, cuyos dos rostros se vuelven respectivamente hacia una puerta a la izquierda que se cierra (el año viejo) y hacia otra situada a la derecha del espectador, que comienza a abrirse (el nuevo año). Realmente poco ha cambiado el asunto en casi mil años, y los ritos que celebramos en Nochevieja realmente están basados en esta idea. Jano era el dios de los comienzos y los finales, y de ahí que se le invocara precisamente tal día como hoy, todos los 1 de enero, y que a él fuese consagrado el primer mes del año en la mitología romana. 

Jano Bifronte mira a sendas puertas (cerrada y abierta) representando al año que
acaba y al que comienza. Imagen de romanicoennavarra.info.

El ciclo anual representado en San Isidoro de León viene marcado, como ya hemos apuntado, por las labores del campo:
FEBRUARIUS: Es un anciano que se calienta al fuego del hogar para resguardarse del frío. El campo todavía está dormido.
MARCIUS: La figura representada se encarga de podar las vides. En León estos trabajos son más tardíos que en nuestra zona debido al frío intenso.
APRILIS: Un personaje planta dos árboles.
MAGIUS: El hombre monta a caballo y se dispone a marchar a la guerra. Las expediciones militares también tuvieron gran importancia en la época; no olvidemos las Cruzadas y, sobre todo, la Reconquista. Ambas dotadas de un fuerte componente religioso.
IUNIUS: Siega de la cebada.
IULII: Siega del trigo.
AGUSTUS: Trillando la mies con un mayal. En nuestra zona se prefería el trillo.
SETENBER: La vendimia.
OCTOBER: El engorde de los cerdos.
NOVENBER: La matanza del cerdo. "A cada cerdo le llega su San Martín", fiesta que se celebra el 11 de noviembre.
y, finalmente, DECENBER, donde volvemos a ver a un personaje sentado junto al fuego, pero esta vez delante de una mesa con alimentos, que simbolizan la llegada a buen puerto del año finalizado y la recompensa a su trabajo.

El ciclo finaliza con el mes de diciembre. Foto de media.wix.com.

Con esta breve explicación sólo me queda desear un buen año 2014, que sea infinitamente mejor al que acaba de marcharse, pero sin olvidar que no debe quedarse sólo en el deseo, sino que ese cambio debe partir principalmente del interior de cada uno de nosotros, de nuestra actitud ante la vida y los problemas, de nuestra unión, de nuestro esfuerzo y de nuestra lucha.

Y, si queréis saber más de lo expuesto más arriba, podéis visitar San Isidoro (pero mejor en primavera, que ahora hace mucho frío), y leer tranquilamente textos como éste, donde lo explican todo mucho mejor que yo:


Hasta la próxima.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Colonización en el Canal de Hellín (I)

De izquierda a derecha, las iglesias de Cañada de Agra (1962), Nava de Campana
y Mingogil (1959).

El Canal de Riegos de Hellín, en la provincia de Albacete, fue declarado de "alto interés nacional para la colonización agrícola" en 1956, apareciendo publicada dicha resolución en el BOE num. 202, de fecha 20 de julio de dicho año. A partir de este momento se hace necesaria la redacción del correspondiente Plan General y de Obras para la colonización de las tierras afectadas por dicha infraestructura, publicándose éste en octubre del año siguiente. Para la puesta en riego de la superficie comprendida en el plan, la Confederación Hidrográfica del Segura contaba con una aportación de caudales cifrada en 1000 l/s, fruto de la compensación que el MOPU había previsto para el municipio de Hellín por la anegación de terrenos fértiles de las vegas del Segura y el Mundo que supondría la construcción de los pantanos del Cenajo y Camarillas. El suministro de agua para riegos se elevó unos 350 l/s al complementarse mediante el alumbramiento de aguas subterráneas.

De esta forma es como el Instituto Nacional de Colonización (organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, creado en 1939 para la reorganización productiva del medio agrícola y el aumento de la superficie regada), comienza con las expropiaciones de las 1.755 Has a principios de 1957. Pertenecían a catorce propietarios, que en su mayoría o bien no las tenían en producción o las dedicaban a un secano de muy bajos rendimientos. El INC, una vez que los terrenos fueron de dominio público, los dividió en lotes de 5 Has que posteriormente repartiría a cada uno de los colonos y comenzó con la construcción de las infraestructuras: Ampliación de la red principal de riegos, construcción de la red secundaria (hasta un total de 140 km de longitud), red de drenaje (115 km), malla caminera para conectar entre sí los núcleos y a éstos con la cabecera municipal y dar servicio a las parcelas (120 km) y los tres poblados: Nava de Campana, Mingogil y Cañada de Agra.

Los dos primeros fueron proyectados por Jesús Ayuso Tejerizo en 1959, si bien el primero de ellos se amplió posteriormente con diseño de José Luis Fernández del Amo, encargado del proyecto del tercero de los poblados en 1962. Aunque los poblados eran la respuesta a una serie de condiciones impuestas por los servicios técnicos del INC para satisfacer las necesidades de los colonos, el proyecto y diseño de estos tres asentamientos urbanos difiere sustancialmente entre los debidos a Ayuso, por una parte, y el correspondiente a Fernández del Amo, por otra.

Planta de Nava de Campana. Jesús Ayuso, 1959.
El poblado, de trazado ortogonal, apoya su dimensión de mayor longitud
 en la carretera, paralela a la cual se dispone el resto de vías principales.

En Nava de Campana observamos un plano de disposición sensiblemente ortogonal, en el que las calles longitudinales atraviesan el poblado de extremo a extremo mientras que las vías transversales se ven interrumpidas por las manzanas centrales de la ordenación. Los equipamientos están dispuestos en el centro del plano, en el extremo Norte, tangente a la carretera. Tanto en este poblado como en Mingogil, obra del mismo arquitecto, no vamos a encontrar separación entre tráfico rodado y peatonal. La única medida que insinúa un uso preferente de las vías longitudinales para los vehículos es la situación de los accesos a los corrales recayentes a las mismas y los porches de entrada a las viviendas en las vías secundarias, con un pequeño antejardín entre las fachadas y la calzada en algunos casos.

Planta de Mingogil. Jesús Ayuso, 1959.
El poblado, de trazado rectilíneo, se divide en dos partes claramente
diferenciadas a ambos lados de una vaguada que actúa como charnela.

En Mingogil se proyecta una disposición similar: vías longitudinales que delimitan alargadas manzanas dispuestas de norte a sur. Sin embargo, en este caso, tanto las vías principales como las secundarias son paralelas entre sí, reduciéndose las calles perpendiculares a una sola vía de importancia en tanto que actúa como charnela y divide al poblado en dos partes, generando al sur del área principal (la que alberga los servicios comunitarios y los espacios ajardinados) una segunda agrupación de siete manzanas dispuesta siguiendo alineaciones SW-NE. La práctica inexistencia de calles ortogonales genera unas vías principales de mayor sección para tráficos rodados y peatonales (con el mismo antejardín delante de las fachadas que habíamos visto en Nava de Campana) y unas calles traseras que únicamente ejercen labor de servicio en tanto que permiten el acceso de los vehículos agrícolas a los almacenes y corrales de cada colono.

Mingogil. Calle secundaria para acceso a las dependencias agrícolas de las
viviendas, organizadas en los testeros traseros de las parcelas.

Los núcleos de colonización se situarían sobre terrenos de secano, pero dando especial relevancia a otros factores como podrían ser el fácil abastecimiento de agua y energía y el desagüe de las mismas para evitar posibles inundaciones; la comunicación directa con la capital municipal y la equidistancia entre los mismos, disponiéndose de forma tal que permitiesen el acceso a las parcelas recorriendo el mínimo trayecto posible. Se tuvieron en cuenta también las necesidades de crecimiento reservando terrenos libres. Mingogil ocupa 30 Has y Cañada de Agra poco más de 24. Nava de Campana es el más pequeño, con apenas 22. Mientras que los dos primeros organizan 80 viviendas para colonos, el último sólo tiene 38.

Mingogil. Escuelas. 

Nava de Campana. Grupo escolar.

Mingogil. Local social.

Nava de Campana. Galería porticada de acceso a los servicios comerciales,
dispensario, oficinas municipales, etc.

Respecto a los servicios comunitarios, el Instituto Nacional de Colonización también exigía una serie de requerimientos mínimos, muy en consonancia con la ideología de la época: servicio religioso (y, de hecho, en el trazado de los pueblos los templos ocupan un lugar de privilegio, ejerciendo sus campanarios el papel de hito reconocible sobre las áreas cercanas), asistencial, asociativo (sindical) y educativo. Tanto Mingogil como Nava de Campana cuentan con iglesia, centro administrativo, dispensario médico y dos escuelas cada uno, separadas por sexos.

Mingogil. Viviendas para colonos.
La fachada pretende romper la monotonía mediante cambios de plano en
porche y balcón de la planta superior, e incorporando diferentes materiales:
ladrillo cerámico en aparejo inglés para planta baja y revocado
en mortero de cal para la superior.

Nava de Campana. Vivienda para colono en esquina.
Balcón volado.

Nava de Campana. Vivienda para colono.
Tipo básico.

Las viviendas para los colonos debían responder, como brevemente apuntábamos antes, a una serie de necesidades derivadas de la actividad productiva. En función de los miembros de la familia, se diseñan diferentes tipos según las piezas con las que cuenten. En Mingogil y Nava de Campana se utiliza un modelo muy similar: las viviendas de los colonos poseen dos plantas y se sitúan en un ángulo de la parcela, de forma que se agrupan con su vecina con el objetivo de reducir costes y al mismo tiempo romper la monotonía que su diseño, racional y sencillo, podría provocar. Todas las dependencias se distribuyen en torno a un patio central, en el que la vivienda ocupa uno de los ángulos y un segundo edificio de dos plantas, recayente a la calle trasera, alberga almacén de aperos y cuadra en su planta baja y pajar en la superior. Un tercer cuerpo une los dos anteriores y organiza la cocina, la cochiquera y el gallinero.


Mingogil. Viviendas para obreros.

Mingogil. Viviendas para obreros. Obsérvese la disposición en hilera
de los edificios, adosados.

Para las viviendas, tanto en Mingogil como en Nava de Campana se utiliza un tipo estandarizado de dos plantas: Porche, salón-comedor, cocina, despensa, aseo y dormitorio en la baja, y dos dormitorios en la primera. La superficie construida, 109 m2, frente a los 600 m2 del total de la parcela. También se utiliza un segundo tipo de vivienda que incluye un dormitorio extra en la planta superior.


Mingogil. Vivienda para maestro.

Nava de Campana. Hilera de viviendas para obreros. Numerosas
terrazas de la planta alta han sido cerradas alterando con ello el diseño
original.

Las viviendas para los obreros difieren de las anteriores en que poseen un tamaño más reducido (dos plantas repartidas en 94 m2 construidos) y apenas disponen de espacios anexos para usos agrícolas. Generalmente se dispondrán en una sola calle y enfiladas, dando frente todas ellas a una única alineación.

Nava de Campana. Iglesia. Alzado principal.

Nava de Campana. Iglesia. Fachada lateral.

El templo parroquial constituye el más destacado de los edificios destinados a equipamientos. En ambos poblados, Jesús Ayuso proyecta sendas iglesias de planta longitudinal, de nave única, con el acceso a los pies y el presbiterio, recto, en la cabecera. Hay que hacer constar que ambos responden todavía a un esquema pre-conciliar, puesto que el Concilio Vaticano II se llevaría a cabo entre 1962 y 1965. Son de destacar los dos campanarios, de volumen prismático y notable esbeltez, que actúan como hito referencial y permiten situar los poblados dentro de su entorno. En el caso de Nava de Campana, la cubierta de la iglesia dota de personalidad al interior de la misma, dividiéndose ésta en volúmenes inclinados alternos que acogen las vidrieras a modo de modernos lunetos generando interesantes juegos de luces y sombras. Por desgracia, la nave original del templo de Mingogil fue derribada hace pocos años debido a problemas de cimentación y en la actualidad se ha reemplazado por un edificio de nueva planta.

Iglesia de Mingogil. Del edificio original sólo resta la torre-campanario.
La nave del templo primitivo fue demolida al detectarse problemas
de cimentación.

Si habéis llegado leyendo hasta aquí habréis comprobado que no he explicado apenas nada de Cañada de Agra. En realidad es el poblado más interesante de los tres y una de las creaciones más relevantes de Fernández del Amo, así que lo consideraremos digno de artículo propio.

Hasta la próxima.