A través
de las postales de los años sesenta y setenta podemos reconstruir la secuencia
de sustitución de los edificios de la Plaza de los Luceros y la forma en
la que, poco a poco, ha ido cambiando su imagen. Las postales son un excelente vehículo propagandístico, y cada ciudad buscará en la
impresión de las mismas un recurso fácil e inmediato en el que, con ayuda de
ese turismo que comienza a alcanzar cifras destacables y que actuará, de modo
inconsciente, como vector de transmisión, una manera de difundir sus activos,
tanto aquellos considerados históricos como otros que, como en el caso,
muestran una imagen de progreso y desarrollo urbano. En este artículo me gustaría hablar sobre ciertos aspectos de este espacio, acompañando el texto de diversas postales de época extraídas de todocoleccion.net.
Plaza
de la Independencia, Plaza de Cataluña o de Los Luceros si hacemos
caso del callejero oficial de la ciudad en los cien últimos años, siendo éste
último el que permanece vigente y que parece que ha calado en el imaginario
ciudadano constituyendo un nodo con nombre propio e importancia contrastada
dentro del plano y la organización espacial del espacio urbano, difuminada y ya
muy lejana aquella primitiva inspiración falangista que justificase esta denominación.
Alternativa y popularmente conocida como Plaça
dels Cavalls en referencia al conjunto escultórico que adorna la rotonda
central, la moderna normalización "televisiva" del valenciano la
rebautizó (algo a lo que ni siquiera ha sido ajena Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana a la hora de rotular la correspondiente
estación subterránea del transporte metropolitano) como Plaça dels Estels, en una traducción literal que identificó
automáticamente Los Luceros con unos
hipotéticos cuerpos celestes en los que nadie parece encontrar una referencia
inmediata que justifique el nombre de este espacio ciudadano.
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Esta postal fue comercializada por la misma casa por las mismas fechas, aunque se centra en la fuente de la rotonda central y en la jardinería que rodea a la misma. |
A
pesar de que en nuestros días la Plaza de Luceros constituye un nodo
de primer orden en la configuración de la ciudad de Alicante, y por
sorprendente que pueda parecernos, no aparecía definida en el primer plano del
Ensanche, firmado por José González Altés en 1893 y aprobado definitivamente
por el Ministerio de Fomento el 7 de
abril del mismo año. Sí recogían las alineaciones, en cambio, las dos grandes avenidas,
de primer orden en la jerarquización del viario proyectado que con su
intersección darían lugar, ya avanzado el primer cuarto del siglo XX a este
espacio de geometría circular. En Ensanche de la ciudad de Alicante, organizado
en una retícula de manzanas desiguales, comenzaría a gestarse tras la
autorización para derribar las murallas que la cercaban, y se extendería entre
el núcleo edificado y la nueva estación de MZA
o de Madrid, inspirándose en los
grandes planes de Ensanche ya definidos en la España de la época, el Plan Cerdá barcelonés y el Plan Castro de Madrid, pero limitado por
unos condicionantes físicos a tener en cuenta: la elevada pendiente media del
terreno, el frente marítimo y la preexistencia de vías de comunicación (la Alameda de San Francisco que se
adaptaría como vía diagonal, la posterior Avenida
Maisonnave), así como la existencia de accidentes geográficos: Benacantil, Tossal, Muntanyeta (que
acabaría desapareciendo entrados los años 40 del siglo XX) o el Barranco de San Blas, desviado primero y
finalmente entubado bajo la actual Avenida
Óscar Esplá.
En
1908 la plaza parece estar ya explanada y es en este momento cuando se la
bautiza como "de la Independencia",
en conmemoración del primer centenario del levantamiento madrileño del Dos de Mayo contra la invasión
napoleónica. El nombre gozaría de una prolongada vigencia hasta que en 1934 se
dedica a Cataluña, tras la aprobación
de su Estatuto de Autonomía; este
nombre, se alternaría con el anterior hasta que en 1939 se rotula con su
denominación actual.
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De 1972 data esta postal comercializada por la casa García Garrabella. Los tranvías ya han desaparecido de las calles alicantinas. |
En
este intervalo de tiempo comenzaría la plaza, poco a poco, a poblarse de
edificios, hasta ser el espacio urbano más solicitado (y también fotografiado,
pues el comercio de postales sería una estupenda carta de presentación para las
ciudades de la época, deseosas de transmitir una imagen de modernidad y
desarrollo urbano) del Ensanche. Arquitectos de éxito entre la burguesía, como
Juan Vidal, proyectan en la plaza, pero también otros recién titulados, como
Gabriel Penalva, que introducirán un lenguaje más moderno. Unos y otros contribuirán
a crear un alzado globalmente ecléctico, carácter que se conserva en la
actualidad a pesar de que la mayor parte de los edificios han sido sustituidos
víctimas de una especulación inmobiliaria generada por un cambio en los usos
del suelo (no reglamentado) que condujo, en primer lugar, a la edificación de
nuevas viviendas de alto nivel a las que más tarde se añadiría una
terciarización casi total que supuso un incremento considerable del rendimiento
económico del espacio construido.
Hasta la próxima.