jueves, 10 de mayo de 2018

Románico en Almazán: San Miguel (I)


Fachada del templo de San Miguel Arcángel a la Plaza Mayor. Enero 2018.

En mitad de la actual provincia de Soria, bañada por el río Duero en el punto donde éste abandona su disposición en curva para encarar definitivamente su marcha hacia el Atlántico, se encuentra la Villa de Almazán, importante en el pasado por su localización en tierra de frontera, lo que le supondría ser objeto frecuente de disputas desde su conquista hacia 1040 por las huestes de Fernando I de León: reconquistada después por los árabes y vuelta a ocupar por Alfonso VI en 1098, sería definitivamente tomada por Alfonso I el Batallador de Aragón en 1128, quien la fortificará y repoblará; no obstante, todavía se mantendría un elevado contingente de población mudéjar entre sus muros, con lo que estamos hablando de una villa muy islamizada, hecho que se manifestará en el estilo de las construcciones religiosas románicas que se irán levantando a partir de esta fecha, y de entre las que destaca la parroquia de San Miguel Arcángel, edificada ya en la segunda mitad de este siglo XII; no obstante, actualmente todavía podemos observar restos románicos de consideración en otros dos templos: Santa María del Campanario, con su triple ábside, y San Vicente, hoy en día desacralizada.

Vista sureste del templo, con el ábside en primer término.

Aspecto del edificio, en el que pueden apreciarse los volúmenes añadidos.


Centrándonos en San Miguel, lo primero que observamos al analizar su planta es la heterogeneidad de la misma, fruto de la sucesiva adición de volúmenes a lo largo del tiempo, si bien las consabidas restauraciones del siglo pasado trataron de devolverle parte de su aspecto primitivo mediante la demolición de edificios anexos que impedían su correcta lectura y visión desde el entorno circundante. No obstante, y como elementos integrantes de la propia fábrica pero ajenos a la obra del XII, conserva sendas capillas a ambos lados del crucero, en los testeros norte y sur, otra capilla dieciochesca a los pies y el pórtico de acceso, del XVII, edificado en origen con dos plantas de arcos de medio punto a modo de tribuna, del cual sólo resta la inferior.

Cabecera del templo y torre de las campanas.

Los elementos románicos que pueden percibirse al exterior son fundamentalmente dos: la cabecera y el cuerpo inferior del cimborrio que cubre el tramo de la nave central inmediatamente anterior al presbiterio. A pesar de contar este templo de San Miguel Arcángel con tres naves paralelas, sólo la central, de mayor amplitud, proyecta un cuerpo absidal al exterior, puesto que las laterales, muy angostas, acaban en testeros planos, si bien de planta semicircular al interior de las naves, horadando los recios muros de sillería.

Vista lateral de la cabecera.

El presbiterio, al exterior, presenta una composición tradicional, dividido en dos tramos separados por impostas verticales, en este caso semicolumnas adosadas, recurso que también se empleará para segmentar el ábside en tres calles. El primer tramo, de planta rectangular y notable profundidad, se cubre con bóveda de medio cañón, mientras que el segundo es el ábside propiamente dicho, de disposición semicircular y protegido por bóveda de horno. Construidos en fábrica de sillería bien escuadrada, en altura responden a una composición tripartita clásica: sobre un potente zócalo o plinto apoyan las semicolumnas que compartimentan el muro y que ascienden hasta la cornisa que actúa a modo de entablamento.

Cornisa que recorre el perímetro del ábside.

Cada una de las tres calles en las que se divide el ábside está perforada por un hueco de medio punto, en el que se inserta una estrecha ventana saetera flanqueada por dos semicolumnas adosadas cuyos capiteles presentan trabajo escultórico, bien figurativo o meramente ornamental, y que a su vez soportan una rosca de medio punto biselada y adornada por motivos de entrelazos que dobla al arco exterior. 

Uno de los huecos del presbiterio.



Diversos capiteles de las ventanas del ábside.

La cornisa que recorre superiormente el volumen del presbiterio está compuesta de arcos polilobulados o angrelados soportados por modillones, los cuales en el encuentro con las columnas dejan paso a los capiteles de trabajo vegetal de éstas. La cornisa, sobre los capiteles, forma cruces griegas con sus extremos acabados en círculo, que actúan a modo de cimacio.

Detalle de la cornisa.

El otro elemento que al exterior acusa el carácter románico de la construcción es el cuerpo inferior de la torre de campanas, ya que el elemento superior, levantado en ladrillo y con lenguaje barroco, es claramente muy posterior. Aunque lo verdaderamente interesante de este cuerpo octogonal se encuentra en el interior del templo, del cual hablaremos en otro artículo, reviste interés este cimborrio por ciertos rasgos estilísticos y constructivos que lo emparentan con otros templos leoneses e incluso con construcciones califales.

Cimborrio, con el cuerpo inferior románico.

Presenta decoración parecida a la ya descrita para el ábside pero más simplificada (quizá ejecutada en fechas posteriores); cada una de las caras del octógono está perforada por huecos apuntados, doblados al interior por arcos angrelados igualmente ojivales, mientras que la cornisa sigue siendo festoneada, pero abandonando los arquillos polilobulados para desarrollarse a partir de otros apuntados apeados sobre ménsulas decoradas con dos pequeñas volutas.

Volumen de la iglesia hacia el Duero.

Como ya explicamos al principio, nada más resta al exterior de la fábrica románica. La única puerta que permite el acceso al templo, orientada al sur como suele ser lo habitual, se encuentra protegida por un pórtico del siglo XVII al que se le ha suprimido la galería superior que ocultaba parte del templo (tal como sigue sucediendo en otras iglesias situadas en plazas mayores, como la también románica y de la misma advocación situada en Ayllón, Segovia); se trata de un mero hueco de ingreso que carece de interés alguno.


En una siguiente entrega nos ocuparemos del interior del templo adnamantino más característico. Hasta la próxima.

martes, 26 de diciembre de 2017

¿Arquitectura románica en Cuenca?

Iglesia de la Natividad (S. XIII). Arcas, Cuenca.

Nos hacemos en primer lugar esta pregunta: ¿De veras existe arte románico en Cuenca? No es fácil de contestar al interrogante, y en todo caso dependerá de dónde situemos los límites de este estilo, y con ello no nos referimos a los meramente geográficos o administrativos, sino a su plenitud y al agotamiento de sus recursos y su capacidad innovadora.

Iglesia de la Natividad. Ábside y espadaña desde la Plaza.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los diferentes estilos, que muy a menudo la Historia del Arte nos explica y clasifica como compartimentos estancos y correlativos, en realidad son una continua evolución de soluciones técnicas y decorativas en progresión y superposición, sin que se produzcan abruptos cambios de gusto y tendencias salvo en contadas excepciones.


En la actual provincia de Cuenca va a existir un arte rómanico, sí, tardorrománico o protogótico si se quiere, de fuerte carácter rural y autóctono y muy influenciado por el practicado en Guadalajara, que tomará nota de los espartanos modos cistercienses. Si entendemos que el estilo avanzaba desde el Norte al compás del reciente avance cristiano, en estas latitudes tan meridionales se levantarán por lo general edificios de culto sencillos, característicos de territorios todavía poco poblados donde se buscaba cubrir las necesidades más inmediatas.


Sin embargo, existirá un pequeño grupo de templos, erigidos desde mediados del siglo XIII, entre los que va a destacar el que traemos a colación en este artículo: La iglesia de la Natividad, situada en la pequeña población de Arcas. Esta localidad se encuentra a escasos diez kilómetros al sur de la capital provincial y cuenta, hoy por hoy, con un censo aproximado de 1.600 almas.

Uno de los tres huecos abocinados del presbiterio.

El templo es austero tanto al interior como al exterior: se trata de una nave de planta rectangular a la que se adosa en el siglo XVII una capilla lateral en el lado del Evangelio, enfrentada a la portada principal (y única), y un coro alto de madera a los pies. El presbiterio se organiza en dos tramos en planta, accediéndose al mismo bajo arco triunfal de medio punto. Toda la nave se cubre mediante armadura de madera repuesta recientemente.

Arco de triunfo en medio punto de acceso al presbiterio.


Disposición de armaduras en el interior del presbiterio.

El presbiterio destaca al exterior del volumen y se asoma a la Plaza principal de la localidad. Un tramo recto, perforado por sendas ventanas de medio punto, abocinadas y enmarcadas por sendas columnas adosadas a las jambas y bocel que sigue la directriz del arco, sirve de paso al ábside semicircular, en el que se abre otro hueco de similares características. El aparejo pétreo es heterogéneo, empleándose tanto mampuestos como sillarejos, habiéndose superpuesto modernamente losas calizas a modo de aplacado en los sectores más expuestos. Todo el conjunto se remata mediante cornisa de amplio vuelo apoyada sobre canecillos labrados. 

Fachada principal con la espadaña adosada.

La espadaña, casi exenta, se adosa a este presbiterio. El hueco ojival de su cuerpo inferior permite el acceso al atrio de la iglesia, al que se abre el elemento más destacable del edificio: su portada.

Portada de acceso.


La portada de la iglesia de la Natividad es un ejemplar de notable calidad. Un arimez rematado en cornisa apoyada en canecillos acoge el acceso cuyo abocinamiento se divide en cinco arquivoltas de sencilla decoración. Cinco pares de columnillas de sección circular, con capiteles decorados en motivos vegetales, soportan delgados cimacios afiligranados que se prolongan horizontalmente a modo de cornisa por la superficie del paramento. Sobre ellos se disponen las arquivoltas propiamente dichas, compuestas por arcos ojivales alternando boceles y baquetones, a excepción del extremo o guardapolvo, con sencilla decoración geométrica en diente de sierra.

Columnas adosadas a las jambas.

Arquivoltas molduradas.

Capiteles y cimacios.

En definitiva estamos ante una construcción de transición entre el último románico y el incipiente gótico. A las soluciones constructivas y las proporciones del primero, aunque aquí adaptadas modestamente a las necesidades y condicionantes del entorno, empiezan a mostrarse de manera casi embrionaria caracteres que más tarde serían sinónimos del nuevo estilo, como el arco apuntado. No olvidemos que la época de las grandes catedrales ya había comenzado, y que la propia sede episcopal conquense sufrió, al igual que la de Ávila y otras tantas, la evolución del lenguaje en su propia fábrica.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Ábside románico de San Gil de Atienza

 
Ábside y muros testeros de las naves laterales.

La otrora importante Villa de Atienza es hoy una pequeña población de poco más de cuatrocientos habitantes censados y ubicada en el extremo Noroeste de la provincia de Guadalajara, lindante por el Norte con Segovia y Soria en un territorio que quizá pueda considerarse entre los más agrestes y duros de la geografía española.

Cabecera del templo de San Gil.

Localizada en una destacada posición estratégica en el control de los pasos que comunican ambas mesetas, se suponen estos parajes pertenecientes a manos castellanas tras la toma de Toledo en 1085 por parte de Alfonso VI, si bien no será hasta un siglo más tarde cuando la zona se repueble y la población se erija en cabeza de su propia jurisdicción de Villa y Tierra, datando de estas fechas el castillo roquero y las murallas actuales, de las que se conservan lienzos de apreciable longitud.

Ábside. En primer término, columna adosada.

Y es precisamente en esta época cuando se levanta (siglo XII) el elemento arquitectónico del que hablaremos en este artículo, el ábside de la iglesia de San Gil. No sería ni mucho menos la única construcción de este estilo que se podría encontrar, a la sazón, en las calles de Atienza: si atendemos a las crónicas hasta catorce templos componían el catálogo, pero sólo han llegado cinco de ellos hasta nuestros días: Santa María del Rey, Santísima Trinidad, San Bartolomé, Santa María del Val y el que nos ocupa.

Presbiterio. Disposición de bóvedas y fajones. Los arcos apuntados nos pueden estar dando unas fechas de construcción tardías.

San Gil se sitúa en la parte baja de la población, fuera de la primera línea de murallas que rodeaba la Villa. Del templo románico primitivo sólo resta esta pieza, puesto que la iglesia sería casi completamente reedificada durante el XVI, cuando al ábside primitivo se adosa un edificio de nueva planta y tres naves longitudinales con coro a los pies, separadas por arcos apuntados y cubiertas con armadura de madera a dos aguas. Cerrada al culto en 1939, cincuenta años pasarían hasta su recuperación para el uso turístico como Museo de Arte Sacro.

Ábside. Interior.

La cabecera de templo, en planta, puede dividirse en dos tramos separados por arcos fajones apuntados en alzado. El primero de ellos es de planta rectangular y se cubre al interior con bóveda de medio cañón apuntado, mientras que el segundo o ábside propiamente dicho, cerrado por bóveda de cuarto de esfera, presenta superficie semicircular. En cubierta también se acusa esta disposición, tejado a dos y seis aguas cubren cada uno de los espacios, respectivamente.

Ábside. Exterior.

La fachada al exterior del ábside presenta la típica división tripartita: tres calles que se generan al sobreponer columnas adosadas de fuste cilíndrico al paramento circular de sillería caliza perfectamente escuadrada y recibida con mortero de cal. Cada uno de estos paños se halla a la vez perforado por estilizadas aberturas rematadas en arco de medio punto, rehundidas para dejar espacio a las columnas cilíndricas que se sitúan a cada lado del vano y que se rematan en capiteles labrados representando dos filas de hojas de acanto que soportan los correspondientes y pesados cimacios, prolongados mediante cornisa de sección semicircular o media caña que recorre horizontalmente toda la longitud de la envolvente. Sobre cada uno de los arcos de medio punto de las ventanas, orla de puntas de diamante siguiendo el trasdós de los mismos.

Capiteles, cimacios, cornisa y medio punto con orla de puntas de diamante.

Ventana del ábside. Exterior.

Las columnas adosadas al exterior del ábside presentan la clásica disposición tripartita en basa, fuste y capitel. Se levantan como el resto del muro sobre un potente zócalo que salva el desnivel del terreno. El paramento curvo concluye superiormente mediante cornisa moldurada sostenida por canecillos. Los cerramientos del tramo recto de la cabecera no revisten mayor interés decorativo, al presentar una superficie completamente ciega.

Columna adosada colgante e intradós del arco triunfal de acceso al presbiterio.

Al interior del templo, como hemos apuntado, el presbiterio muestra claramente su subdivisión en dos tramos separados longitudinalmente (siguiendo la dirección de la nave) por dos potentes arcos fajones de directriz apuntada. Al intradós de cada uno de éstos se adosa otro arco apuntado, a modo de arquivolta, sostenido por sendas columnas colgadas (que no llegan hasta el suelo). El arco de acceso al ábside presenta además decoración pictórica. Las estilizadas ventanas que rasgan los muros siguen la misma composición que en el exterior: delimitadas por columnas sobre las jambas, que ahora son abocinadas, y coronadas por capiteles a la manera corintia. Las semicolumnas adosadas al muro, también colgadas, se prolongan en sendos nervios moldurados que convergen en la clave del arco fajón y que subdividen la bóveda de horno del ábside en tres partes. Son destacables sus capiteles, de tema antropomorfo, haciendo referencia quizá al bien y al mal.

Ventana central del ábside. Abocinamiento hacia el interior.

Capitel antropomorfo del intradós del ábside.

La Villa de Atienza, como hemos comentado, posee otras muestras de arte románico que detallaremos en siguientes artículos. Hasta la próxima.

domingo, 18 de mayo de 2014

Carrozas San Isidro 2014

Ayer sábado 17 de mayo por la tarde se celebró el principal acto de las Fiestas de San Isidro 2014 de Yecla: la Cabalgata y concurso de carrozas. Partiendo desde la antigua estación, recorrió la ciudad prácticamente de punta a punta durante más de cuatro horas.

La Cabalgata yeclana no es un desfile al uso. La particularidad reside en sus cerca de sesenta carrozas participantes, elaboradas por la propias peñas desde meses antes, y cubiertas por miles de cucuruchos de papel de seda de diversos colores, representando en general motivos relacionados con el campo y las labores agrícolas o tradicionales, si bien en la categoría infantil la temática gira en torno al mundo infantil y sus personajes. Durante el recorrido, además, los mismos peñistas van repartiendo al público toda suerte de productos típicos regados, como no, con vino de la tierra.

A continuación os dejo con una selección de fotos de las que más me gustaron a mí, tomadas durante la exposición que se hace de las mismas horas antes del desfile.

Categoría infantil:

"Estira que hay pa' rato", se llevó el primer premio de su categoría.



















Categoría adulta:

La peña "El ababó" se alzó este año con el primer premio de la sección adulta.

El segundo premio fue a parar a la peña "El Majuelico".

Detalle de la carroza.

Este bonito macetero se llevó el tercer premio. Las alas de la mariposa se
abrían y cerraban cuando la carroza avanzaba.

La parte trasera de la misma carroza.





Las socorridas flores siempre aportan vistosidad y colorido.







El antiguo kiosco del parque.

 
Un automotor llegando a la antigua estación de vía estrecha.



Si os ha gustado, ya sabéis: el próximo año, a mitad de mayo, volverá a salir a la calle la Cabalgata con distintas carrozas. Hasta la próxima.