domingo, 18 de mayo de 2014

Carrozas San Isidro 2014

Ayer sábado 17 de mayo por la tarde se celebró el principal acto de las Fiestas de San Isidro 2014 de Yecla: la Cabalgata y concurso de carrozas. Partiendo desde la antigua estación, recorrió la ciudad prácticamente de punta a punta durante más de cuatro horas.

La Cabalgata yeclana no es un desfile al uso. La particularidad reside en sus cerca de sesenta carrozas participantes, elaboradas por la propias peñas desde meses antes, y cubiertas por miles de cucuruchos de papel de seda de diversos colores, representando en general motivos relacionados con el campo y las labores agrícolas o tradicionales, si bien en la categoría infantil la temática gira en torno al mundo infantil y sus personajes. Durante el recorrido, además, los mismos peñistas van repartiendo al público toda suerte de productos típicos regados, como no, con vino de la tierra.

A continuación os dejo con una selección de fotos de las que más me gustaron a mí, tomadas durante la exposición que se hace de las mismas horas antes del desfile.

Categoría infantil:

"Estira que hay pa' rato", se llevó el primer premio de su categoría.



















Categoría adulta:

La peña "El ababó" se alzó este año con el primer premio de la sección adulta.

El segundo premio fue a parar a la peña "El Majuelico".

Detalle de la carroza.

Este bonito macetero se llevó el tercer premio. Las alas de la mariposa se
abrían y cerraban cuando la carroza avanzaba.

La parte trasera de la misma carroza.





Las socorridas flores siempre aportan vistosidad y colorido.







El antiguo kiosco del parque.

 
Un automotor llegando a la antigua estación de vía estrecha.



Si os ha gustado, ya sabéis: el próximo año, a mitad de mayo, volverá a salir a la calle la Cabalgata con distintas carrozas. Hasta la próxima.

viernes, 16 de mayo de 2014

Palacio del Infantado.


Fachada principal del palacio.

El Palacio de Infantado fue promovido por D. Diego Hurtado de Mendoza, 2º duque del Infantado y perteneciente a una de las familias más influyentes del Renacimiento castellano, merced a los servicios prestados a sus monarcas. Fue construido entre 1480 y 1496 según diseño de Juan Guas y la colaboración de Egas Cueman en las labores decorativas, si bien a partir de 1570 empieza a sufrir reformas que desvirtuarán su concepción primitiva. Con la decadencia de la familia pasa a manos de los duques de Osuna a finales del XVII, cediendo éstos la propiedad del Palacio al Ministerio de Guerra en 1878 dedicándose a diversos usos hasta 1936 en que es saqueado e incendiado perdiéndose entonces las mayoría de sus artesonados, decoraciones y ciclos pictóricos. En 1961 se inició su rehabilitación, dedicándose en la actualidad a usos culturales.


Acceso sobre el que campean las armas familiares.

Detalle del escudo familiar escoltado por tenantes.

El edificio, aunque estilísticamente se enmarca dentro del último gótico e incorpora elementos mudéjares, responde ya a una concepción renacentista, puesto que refleja tanto en la ordenación de su planta como en sus alzados la evolución que sufren las residencias palaciegas a partir de dicho periodo, abandonándose paulatinamente el carácter fortificado de los castillos medievales y dejando paso a los palacios urbanos, que mantienen su papel dominante mediante la construcción de una fachada representativa que concede un papel protagonista a las armas de la familia y que en este caso preside un entorno de destacado valor social y ciudadano de Guadalajara. El palacio se organiza en planta mediante un patio interior, centrado, de disposición ligeramente rectangular en este caso, que distribuye los accesos a las distintas estancias.


Galería superior en lenguaje gótico flamígero.

La fachada es, como se ha dicho, la carta de presentación del edificio y, por extensión, de la familia a la cual pertenece. La fachada del Palacio de Infantado parte de un basamento pétreo que absorbe el leve desnivel del terreno y se corona mediante una galería corrida, por lo que podemos decir que la organización de la misma sigue un esquema compositivo clásico: basa, desarrollo y entablamento. El basamento, de aparejo de sillería pseudoisódoma dispuesta a soga, soporta una fachada de desarrollo plano, de sillería caliza isódoma trabada con mortero de cal y decorada con puntas de diamante, perforada por unos huecos adintelados rematados por frontones triangulares. Respecto a la puerta de acceso, desplazada del eje (la fachada carece aquí de simetría) se resuelve por medio de un arco ojival orlado con motivos caligráficos que enmarca un arco conopial decorado con perlas. El tímpano generado entre ambos se adorna con tracerías góticas. La portada está flanqueada por una pareja de semicolumnas sobre pedestal, cubiertas por una decoración de bolas inscritas en rombos y rematadas por una cornisa de mocárabes que se prolonga y las une superiormente, cerrando el conjunto a modo de entablamento y generando para la portada, por tanto, un peculiar “arco de triunfo”. Todo ello se remata con las armas de la familia escoltadas por sendos tenantes. El friso de mocárabes con que se remata la fachada da paso a la pétrea pero ligera galería superior, simétrica, que dota de un particular ritmo a la misma al incorporar tramos rectos y curvos. Sobre un antepecho se abren parejas de ventanas conopiales, separadas por pilastras de sección poligonal (semicirculares enmarcando los tramos curvos) y divididas por maineles que sostienen tracerías góticas en su intradós. Motivos vegetales, escudos y pináculos adosados rematan el conjunto, limitándose superiormente la fachada por una sencilla moldura adornada de bolas.


Acceso al patio interior de distribución.

El cortile interior se organiza en dos pisos de arquerías
de directrices mixtilíneas.

El patio organiza las distribuciones interiores, por lo que a él se abren numerosos huecos adintelados en los muros perimetrales de las galerías de las dos plantas de las que se compone. Dichas arquerías, tanto en el piso inferior como en el superior se dividen en módulos iguales entre sí, separados por columnas labradas en piedra caliza (de orden toscano las de planta baja, helicoidales las superiores) y rematadas por arcos mixtilíneos, de decoración más profusa en la planta alta. Los arcos conopiales mixtilíneos de planta baja, festoneados, se adornan con perlas y alojan parejas de leones dispuestos simétricamente en los riñones sobre un fondo de taqueado, separadas entre sí por motivos heráldicos y figuras de aves situados sobre las columnas. La planta superior presenta un antepecho de tracería calada y pasamanos decorado nuevamente con bolas. Las columnas helicoidales, decoradas con series de hojas, se rematan en una franja de follaje a modo de capitel y un pináculo adosado que actúa de separación entre las parejas de animales alados y enfrentados entre sí situados sobre los arcos mixtilíneos de directriz recta y cóncavo-convexa adornados con caireles en su intradós y recercados por motivos vegetales. Toda la arquería se corona finalmente por una cornisa de dentículos y el alero de canecillos de madera de la cubierta.


Ángulo de la arquería donde pueden apreciarse las labores
decorativas en las enjutas, tracerías y columnas.

Parejas de leones en las enjutas de la planta baja.

Grifos mitológicos escoltan los motivos decorativos en la planta alta.
Las columnas se prolongan hasta el friso de dentículos por medio de pináculos
goticistas.
Hasta la próxima.

viernes, 2 de mayo de 2014

Castillo Palacio de La Calahorra.

El castillo-palacio de La Calahorra, situado en la provincia de Granada, fue mandado construir por el Marqués de Zenete, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza y proyectado por Lorenzo Vázquez (1509), que ya había trabajado al parecer para dicha familia en sendos palacios situados en Guadalajara. El palacio, de planta cuadrangular y situado sobre una colina, presenta un aspecto fortificado de gran sobriedad al exterior con torres de planta circular en sus vértices, mientras que al interior se produce un amplio despliegue de formas decorativas en los salones y especialmente en el patio central, de planta cuadrada y cinco arcadas por frente o panda, de medio punto las inferiores y sensiblemente rebajadas las superiores apeando sobre columnas a la manera corintia en ambos casos. Las columnas de la galería alta apoyan sobre pedestales separados por una balaustrada de mármol de Carrara, y la decoración se realiza fundamentalmente mediante la representación de las armas familiares.
 

Vista áerea del edificio. Extraída del blog "Viajeros en Granada"
 
 
En este palacio se conjugan las dos caras que el noble del Renacimiento quería mostrar: por un lado, el hecho de que el palacio estuviera fortificado mostraba la superioridad y poder militar que detentaba el señor respecto a los vasallos de los tierras donde ejercía su jurisdicción (si bien en el reinado de los Reyes Católicos se tendió a reducir el poder territorial de la nobleza a favor de la monarquía), y, por otro lado, se explotaba la vertiente culta de los señores, que adoptaban en sus residencias formas y usos clásicos, importados desde Italia, desde donde no sólo traían las ideas, sino, como en este caso, incluso muchos materiales ya elaborados y hasta los propios artistas: el Marqués de Zenete sustituyó a Lorenzo Vázquez y colocó al frente de la dirección de la obra al genovés Michele Carlone, dirigiendo a un nutrido grupo de maestros lombardos y genoveses que acabaron la obra en el breve espacio de tres años, lo que explica su aspecto relativamente unitario.
 
 
Exterior de la fortificación. Foto extraída de la web "docentes.educacion.navarra.es"
 
 
Patio interior del palacio. Foto de la web "castillos de España".
 
Esta tendencia había comenzado años antes con los palacios urbanos que los propios Mendoza habían promovido en Guadalajara, donde dejaban al margen su carácter militar para centrarse en una función social y representativa como un vehículo diferente para mostrar su poder y riqueza. Un caso similar se puede encontrar en el palacio de la cercana localidad almeriense de Vélez Blanco, atribuido a Francisco Florentín, del que también se conocen trabajos en las catedrales de Murcia y Granada, y promovido por el primer Marqués de Los Vélez.
 
 
Patio del Castillo-Palacio de Vélez Blanco (Almería), actualmente en el
Museo Metropolitano de Nueva York. Foto de Wikipedia.
 
 
 

sábado, 8 de febrero de 2014

Racionalismo valenciano.

Qué gusto da tener un fin de semana tranquilo después de unas semanas de ajetreo. Tengo abandonado el blog, y la inspiración me tiene abandonado a mí también, aunque hace días que venía dándole vueltas a la idea de escribir un pequeño artículo, cómo no, acerca de Arquitectura y, cómo no, de nuevo, racionalista.

Edificio González-Senabre.
 Calle San Vicente, 63.
 Arqs.: José Luis Téstor yCayetano Borso di Carminati, 1935.


En Valencia pasé unos de los mejores años de mi corta vida mientras estudiaba la "maravillosa" carrera de Arquitectura Técnica, titulación que han cambiado tantas veces de nombre que a fecha de hoy ni siquiera sé cómo se llama ni me preocupa. De aquellas fechas recuerdo sobre todo los paseos (o pateos) que me pegaba muchas tardes en los que iba siempre mirando hacia arriba, aún a riesgo de chocarme contra alguna farola o naranjo borde. Suerte (o no) que me pilló antes de la era digital de la fotografía.

Edificio Pascual-Montesinos.
 Calle Burriana, 26-28.
 Arq.: Miguel Martínez Ortega, 1935.


Y allí fue donde descubrí también la arquitectura racionalista, si que es puede llamarse así a los lenguajes empleados en los edificios construidos en la España de los años 30, tan diferente como para muchas otras cosas, de la Europa de su tiempo. Efectivamente, porque mientras en Europa se experimentaba, se teorizaba y se desarrollaban nuevas soluciones, en nuestra "piel de toro" (arriba los tópicos) nos limitábamos a copiar ("Que inventen ellos") lo que veíamos en las revistas especializadas escritas en inglés y alemán, principalmente, en las que los más de nuestros arquitectos sólo alcanzarían a admirar las bonitas ilustraciones en blanco y negro de las geométricas fachadas de tersas superficies y rotundos volúmenes. Está claro que hubo honrosas excepciones, y que jovencísimos arquitectos recién titulados, que habrían tenido no pocos intercambios de pareceres con sus venerables profesores, se lanzaron por un camino más difícil, pero comprometido con sus ideas y una nueva mentalidad racional e higienista, pero que en pocas ocasiones contaría con los apoyos de la Administración o las élites económicas, más preocupadas todavía por incorporar pilastras, molduras y balaustradas a las fachadas que por racionalizar el uso de la planta y utilizar eficazmente luces y ventilaciones.

Edificio Mas.
Calle Ribera.
 Arq.: Manuel Cervera, 1936-1940.

Si para el resto de España podemos hablar de arquitectos como Sert, García Mercadal (con importantes contactos que propiciaron la organización de congresos y ponencias que permitieron que arquitectos como Le Corbusier impartiesen conferencias en nuestro país) o Gutiérrez Soto (prolífico arquitecto de gran éxito, muy adaptativo y que prefirió mantenerse al margen del exclusivista GATEPAC), en Valencia serán profesionales como Luis Albert, Ricardo Roso o Enrique Pecourt los que desarrollen la arquitectura más innovadora, además de otros eminentes arquitectos entre los que podríamos destacar a Cayetano Borso di Carminati, Miguel Martínez, José Luis Téstor o Vicente Valls, a los que se unen otros que habían comenzado a trabajar el eclecticismo en sus más variadas acepciones, en Valencia mostradas bajo el filtro casticista-regionalista, como podría ser el caso del influyente Javier Goerlich (de extensa obra y autor de las principales operaciones de reforma interior) o Enrique Viedma (que bascula entre el edificio para La Unión y el Fénix y la llamada "Finca Roja").

Edificio Martí Alegre.
Plaza Cánovas del Castillo, 12.
 Arqs.: Javier Goerlich y Juan Bta. Carles, 1934.

Finca Roja.
Calles Jesús, Marvá, Maluquer, Alberique.
 Arq.: Enrique Viedma, 1930-1933.

Edificio Carbajosa, 1929-1931.
Calle Xàtiva c/v Ribera.
 Este edificio, una de las primeras obras
de Luis Albert, todavía incorpora paneles decorativos en la línea del
art-decó en las curvadas aristas del chaflán.

Valencia había explotado económica y demográficamente a principios del siglo XX. Su potencial agrario y la vocación exportadora de su burguesía había propiciado que ya en el primer tercio del siglo su puerto fuera el primero de España por volumen de exportaciones. La ciudad aumentó su censo en 200.000 habitantes entre 1920 y 1940, llegando a tener 450.000 al final del periodo. A partir de 1928 se llevaron a la práctica en el corazón de la urbe algunas de las reformas urbanas propuestas en 1911 por Federico Aymamí, materializadas al fin por la corporación encabezada por el Marqués de Sotelo y dirigidas por el arquitecto Javier Goerlich: ensanche de la Bajada de San Francisco-Plaza del Ayuntamiento, aperturas de las vías de María Cristina y Periodista Azzati y ensanche de otras, como San Vicente, Ribera o Paseo de Ruzafa. Aquí se localizarán nuevos edificios que doblarán o triplicarán en volumetría a los preexistentes: el uso del hormigón y el ascensor lo hacen posible. Al principio estas nuevas construcciones se cubrirán de toda suerte de elementos inútiles por innecesarios, puramente decorativos: pilastras, capiteles, frontones... para ir dejando paso, de forma progresiva, a la limpieza en los volúmenes y la ordenación estricta de huecos que imponía el nuevo lenguaje racionalista, en el que cada elemento cumple de forma clara el papel que le corresponde, que para eso ya había manifestado Loos, años antes y visiblemente airado, que el ornamento es poco menos que un delito.

Edificio Martí-Alegre (Hotel Londres).
Plaza Ayuntamiento-Barcelonina.
Arq.: Javier Goerlich, 1934-1935.

Edificio Roca.
Calle San Vicente, 34.
Arq.: Vicente Valls Gadea, 1934.

Teatro-Cine Rialto.
Plaza del Ayuntamiento, 17.
Arq.: Cayetano Borso di Caminati, 1931.

Edificio Dasí.
Av. María Cristina, 5.
Arq.: Cayetano Borso de Carminati, 1935.

También en el ensanche (ampliado a partir de 1925 entre la Gran Vía Marqués del Turia y el Camí de Tránsits, hoy Avinguda Peris i Valero, según las trazas de Francisco Mora) se suceden las nuevas construcciones. La legislación ayuda a ello, y, si bien durante la dictadura de Primo de Rivera son las medidas liberalizadoras en materia de suelo y la transferencia de las competencias urbanísticas a los Ayuntamientos las que aceleran las reformas, más adelante será la "Ley de Casas Económicas", que permite la creación de grupos de viviendas como la Finca Roja, ya nombrada, los grupos para Prensa y Artes Gráficas en el Paseo al Mar o la Cooperativa para Agentes Comerciales en la Gran Vía Germanías. Todo ello para acabar, en 1935, con la promulgación de la llamada "Ley Salmón", que incluía exenciones fiscales para la construcción de viviendas de determinadas características a la vez que se imponía como medida para paliar el elevado paro obrero. Todo esto provocó una febril actividad edificatoria: a modo de ejemplo, entre 1931 y 1936 se conceden hasta 1700 licencias de nueva construcción.

Edificio y fábrica Buch.
Calle Quart, 114.
Arq.:  Luis Albert, 1935.

Edificio Peset-Llorca.
Calle Cirilo Amorós, 88-90.
Arq.: Mariano Peset, 1935-37.

Edificio Pascual.
Calle Císcar, 21.
Arq.: Miguel Martínez Ortega, 1936.

Estas edificaciones, entre medianeras en su mayor parte, responden a unas características más o menos fijas: estricta ordenación de huecos, escasa ornamentación (reducida a la combinación de unos pocos materiales: estucos, ladrillo caravista y vidrio), volúmenes puros (con empleo de significativos chaflanes curvos, aerodinámicos, en línea con la emergente tecnología maquinista), barandas tubulares, asimetría en la composición y jerarquía/combinación de usos (comercial en planta baja, entresuelos para oficinas y plantas de vivienda). Respecto a la planta, y considerando al público al que van dirigidas, se introducirán pocas variaciones respecto a las viviendas tradicionales, y se siguen empleando los patios interiores de luces reducidas sin atender a una separación de zonas de día y de noche, cosa que en España no ocurrirá de forma masiva hasta la irrupción del segundo movimiento moderno a mediados de los cincuenta; es por todo esto que la adopción de lenguaje racionalista es más "epidérmico" que teórico. Se introduce una moda, se actualiza por imitación, pero la forma de habitar sigue siendo prácticamente la misma.

Edificio Gracia.
Calle Pintor Segrelles, 5.
Arq.: Lorenzo Criado, 1935.

Edificio Villalba.
Calle Xàtiva, 17.
Arq.: Alfonso Garín, 1935.

Y como no me quiero enrollar más por el momento, dejo paso a una serie de fotografías que nos van a llevar por varios de los edificios levantados en aquellos años, que complementan a las que han ido apareciendo a lo largo del artículo; pero lo mejor, como siempre, es una visita a la ciudad del Turia.

Edificio Alonso.
Xàtiva esq. San Vicente 71-73.
Arq.: Luis Albert, 1935.

Edificio Tortosa - Martínez Sala.
Calle Universidad 1 y 3.
Arq.: Luis Albert, 1933.

Edificio Vizcaíno.
Calle Ribera, 3.
Arq.: Cayetano Borso di Carminati, 1936.

Edificio Serratosa.
Calle Moratín, 5-7.
Arq.: Antonio Gómez Davó, 1935-1940.

Edificio de viviendas.
Calle Cirilo Amorós, 84.
Arq.: Cayetano Borso di Carminati, 1935. 

Edificio Cánovas.
Calle Navellos, 8.
Arq.: Luis Albert, 1931-1934.

Edificio de viviendas.
Calle Cirilo Amorós, 86.
Arq.: Javier Goerlich, 1935.

Edificio Palasí.
Gran Vía Fernando el Católico, 57.
Arq.: J. Vives, 1935.

Edificio de comercios y viviendas.
Calle Convento Santa Clara, 2.
Arq.: José Luis Téstor, 1931.

Edificio Llopis.
Calle San Vicente.
Arq.: Ricardo Roso, 1934-35. 

Hasta la próxima.