viernes, 1 de noviembre de 2013

Valles interiores alicantinos (I).

La provincia de Alicante tiene un interior alejado de la playa (que no del sol) que ofrece un paisaje bastante diferente a lo que casi todo aquél que dice conocerla podría imaginar. Valles corredores tendidos entre las sierras prebéticas que parten de l'Alcoià y El Comtat y conducen hasta les Marines Alta y Baixa nos ofrecen un puñado de diminutos pueblos de raíces islámicas, que todavía en el trazado de sus empinadas y retorcidas calles nos muestran que fue éste uno de los últimos reductos moriscos de la Península Ibérica. En ellos todavía las actividades relacionadas con el sector primario tienen una notable importancia, si bien en las últimas décadas las actividades hosteleras y los servicios orientados al turismo han ido ganando peso en sus economías y han logrado contener el éxodo poblacional que venían sufriendo desde las décadas centrales del siglo XX.

Hace un par de veranos, cogí mi coche y saliendo de Yecla y llegando hasta Pego a través de les Valls d'Alcalá y d'Ebo, volviendo por la Vall de Gallinera, pasé un buen día descubriendo la zona a mi ritmo, sin prisa, tomando unas fotos del día a día cotidiano de estas localidades, y que muestro a continuación.

El primer pueblo que nos encontramos llegando desde Alcoi por la CV-785 es Benifallim. A pesar de su relativa cercanía a la capital de l'Alcoià, comarca a la que pertenece, sólo cuenta hoy con 115 habitantes censados. Su emplazamiento, a espaldas de la sierra de Aitana, ha condicionado su economía, orientada a la agricultura de secano.

Carrer de Baix, en la zona más llana de la población. A espaldas
de las casas de la acera derecha se extiende la pequeña huerta
de la localidad.

Benifallim sobre laderas abancaladas dispuestas para el cultivo del almendro
y el olivo. El campanario decimonónico de la parroquia de San Miguel Arcángel
sobresale entre el caserío.

Sin abandonar la sinuosa CV-785, en apenas seis kilómetros llegamos a la siguiente etapa de nuestro recorrido: Penáguila. Famosa por su peculiar y romántico Jardín de Santos, esta localidad de poco más de 300 habitantes posee otros atractivos como la fábrica de su iglesia de la Asunción (s. XVIII), la casa de los Fenollar o los accesos a su antiguo recinto murado.

El Portalet, uno de los accesos al recinto amurallado de Penáguila. La cerca
es ya de origen cristiano, siglos XIII-XIV. 

Cabecera y torre de la iglesia de la Asunción desde el camino que
conduce al Jardín de Santos. Una interesante ruta fitoclimática, que
explica los efectos del cambio climático sobre la vegetación, nos instruye
en este paseo por el Barranco de Aladrach.

Abandonamos Penáguila y lo hacemos por la CV-781, desde la cual el pueblo
nos regala esta imponente panorámica de su antiguo recinto fortificado presidido
por los edificios que detentaban el poder señorial y el eclesiástico.

Va siendo hora de abandonar l'Alcoià y adentrarse en los valles interiores de la Marina Alta. La CV-781 nos lleva hasta la CV-770, que enseguida nos deja en una carretera autonómica de primer orden, la CV-70. Tomando dirección oeste, en pocos metros nos plantamos en Benasau.

Desde la CV-770 divisamos Alcoleja tendida sobre una ladera. Pertenece a la
comarca del Comtat y cuenta con 191 habitantes.

Desde abajo divisamos Ares del Bosque. Se trata de un núcleo de población
perteneciente a Benasau.

Benasau pertenece a la comarca del Comtat. De origen musulmán, tras la conquista cristiana primero y con la expulsión de los moriscos después, quedó prácticamente despoblada. Desde los casi 800 habitantes que tenía al mediar el XIX, apenas 178 habitantes se encuentran censados entre la cabecera municipal y su aldea de Ares del Bosque actualmente.

La calle Mayor de Benasau se extiende desde el Palacio de los
Barones de Finestrat hasta la iglesia de San Pedro.

Una pequeña huerta se extiende entre el pueblo y la carretera CV-70 que une
Cocentaina y Callosa d'Ensarriá.

Siguiendo la CV-70 dirección a Cocentaina, debemos tomar el primer desvío a la derecha, CV-710, si queremos arribar a Gorga. Villa de 261 habitantes, de emplazamiento urbano y trayectoria histórica similar a la de sus poblaciones vecinas, su economía se basa en la explotación de la agricultura de secano y frutales de hueso, así como actividades ganaderas.

Gorga se sitúa a unos 550 m.s.n.m.

Torre campanario y fábrica de la iglesia de la Asunción de Gorga
emergiendo entre el caserío tradicional.

Desde Gorga, y avanzando por la CV-720, ascendemos hasta Balones. 157 habitantes viven dentro de este asentamiento poblacional de trazado típicamente islámico, con calles de trazado sinuoso que ocupan literalmente los espacios libres dejados por los edificios. Es un pueblo de evidente pintoresquismo, con buenas perspectivas sobre el valle y las terrazas de almendros que bajan desde el pueblo hasta el fondo del mismo.

Una de las angostas calles de Balones, con el campanario prismático de
la parroquia de San Francisco.

Balones conserva el trazado islámico en su  poco alterado casco
urbano. Calles en fondo de saco con jardines "improvisados".

Sin dejar la CV-720, Benimassot nos espera a escasos siete kilómetros. La carretera es buena, pero lo accidentado del terreno y la diferencia de cota entre ambas localidades de aproximadamente 100 metros condiciona un trazado que necesariamente ha de ser sinuoso. Esta localidad, conocida como Balcón de la Serrella por su estratégica posición sobre el valle del río Seta, se encuadra dentro de la comarca del Comtat y cuenta con apenas 130 habitantes.

Una calle de Benimassot, con la ropa tendida bajo el sol de una
tarde de agosto. La integración del caserío con el entorno
natural es evidente.

El pueblo domina el valle del río Seta. Las laderas descienden abancaladas
moteadas por almendros. La iglesia de la Purísima, en lo más alto, es del
siglo XVII.

Algo más arriba, a 776 m.s.n.m., tenemos la localidad de Tollos. 45 habitantes para el último pueblo del Comtat antes de entrar a la Vall d'Alcalá. Asentamiento morisco hasta la expulsión de los mismos en 1609, su economía se ha basado tradicionalmente en el cultivo del olivo y el almendro, aunque la avanzanda edad actual de su población hace que las explotaciones carezcan de importancia económica significativa ante el bajo volumen productivo.

Empinada calle que conduce desde el acceso al pueblo hasta
la iglesia de San Antonio de Padua.

La CV-713 es una carretera estrecha, casi una pista forestal, que comunica Tollos con el valle corredor vecino, la Vall d'Alcalà. El municipio está compuesto por dos núcleos de población: Beniaia y Alcalá de la Jovada, donde se encuentra el Ayuntamiento. Se trata del municipio de la Marina Alta situado más al oeste y está poblado en la actualidad por apenas 175 habitantes.

Plaza de Alcalá de la Jovada. En ella se encuentran la iglesia parroquial y
el Ayuntamiento (a la izquierda). 

Beniaia es un diminuto asentamiento poblacional organizado
en torno a su iglesia, una construcción más incrustada
entre el resto de edificaciones domésticas.

Los almendros, como venimos observando en las localidades anteriormente
visitadas, también rodean Beniaia.

Desde Alcalá de la Jovada, la CV-712 nos transporta hasta Vall d'Ebo. 286 habitantes y una economía de base agraria para un término municipal que contó con varios asentamientos poblacionales (alquerías) hasta la expulsión morisca dictada por Felipe III en 1609.

Iglesia barroca de San Miguel, en la plaza de Vall d'Ebo.

La CV-712 bajará hasta Pego partiendo desde los 400 m.s.n.m. sobre los que se asienta Vall d'Ebo, ofreciendo unas fantásticas vistas de la planicie que se extiende entre las últimas estribaciones de las sierras prebéticas y el mar, cubierta de un tapiz de cultivos de regadío y por la marjal de Pego-Oliva. Pego es ya una población de tamaño importante, bien conectada y de economía diversificada. Este municipio, el más septentrional de la provincia de Alicante, cuenta con unos 11.000 habitantes censados.

Capilla del Ecce-Homo. Siglo XVII. Destaca la cúpula de teja vidriada azul
sobre tambor octogonal y la torre campanario de sección triangular.

La Casa de la Vila, de la primera mitad del XX, nos acerca a modelos
de palacios municipales levantados al compás del progreso económico
de la burguesía agrícola, como ocurrirá en las comarcas limítrofes
de la provincia de Valencia.

Pego es el fin de nuestra etapa de hoy. En una siguiente entrega volveremos al punto de partida recorriendo de forma longitudinal la Vall de Gallinera. Comarcas alicantinas de interior, ideales para un turismo reposado, para disfrutar de las rutas por parajes naturales solitarios bien sea caminando, a caballo o bicicleta, y saboreando su deliciosa gastronomía tradicional: arroces, pucheros, pericana, olleta, embutidos, minxos y coques al forn en el interior, arroces, coques con gamba y all i pebre en Pego.

Hasta la próxima.

2 comentarios:

  1. ¡Qué original el campanario de Pego! y las columnas que flanquean la entrada a la Casa de la Vila. Estupendo reportaje y yo creo que si algún día me decido a hacer el recorrido, lo haré a caballo :)

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